XXIII.

"Trascurrido poco tiempo, en ocasión que pude cruzar algunas palabras con María, me dijo fijando en mí sus ojos con tristeza:—Tú dirás...... la señora me ha indicado que pronto deberé ir á la Hacienda para servir á Carolina."

"Yo le contesté resueltamente:—Haz lo que te manden y cuando sea yo médico me casaré contigo."

"La huérfana inclinó su lánguida cabeza y luego, moviéndola lentamente, me dijo con expresión de cariño y de dolor:—Eso es imposible."

"Antes de que yo replicara, la humilde joven había desaparecido."

"Tenía razón, su alma estaba enferma de amor, pero no se le ocultaba el mundo de obstáculos puesto por la fatalidad entre ella y yo."

"La intriga de mi tío no tuvo resultado porque María Luisa era la alegría de la casa, sus servicios importantes y su conducta irreprensible."

"Mas por haber sufrido yo una dolencia intestinal, mi madre se afectó mucho y un día me habló de esta manera:"

"El médico ha declarado que nunca sanarás completamente si no haces un viaje largo.—Después de meditar un momento prosiguió:—Hemos dispuesto que concluyas tus estudios en Madrid; al cabo de dos ó tres años iré por tí. Yo te lo pido por tu bien."

"Su voz temblaba y al pasarse el pañuelo por la frente advertí que sus ojos rebozaban lágrimas."