La política era un misterio apenas conocido por pocos iniciados.

Pero ya el pueblo, sin abandonar el depósito de sus buenas costumbres y adorables tradiciones, daba indicios de su genio guerrero que más tarde hizo milagros de valor y patriotismo.

Ya había visitado á Oaxaca el gran Morelos y habían nacido en este país afortunado los hombres extraordinarios que algún día debieran ponerse frente á frente de los soberanos europeos, pidiendo para México un puesto de honor entre las naciones ilustradas.

III.

Era el día 21 de Diciembre de 18.........

A la hora en que se oculta la última estrella en el cielo y la brisa del crepúsculo viene á despertar á las aves y á besar á las flores, un repique á vuelo estalló en las torres de los numerosos templos de la ciudad, dejándose oir entre aquel confuso y agradable ruido, la voz sonora de la campana mayor del reloj de la Catedral, que por una tradicional costumbre, solamente una vez al año agitaba su martillo con violencia, celebrando la fiesta de Navidad.

Toda la mañana de aquel día hubo grande animación en las calles y plazas de la regocijada ciudad. Los criados vestidos de limpio, que conducían de una casa á otra los obsequios de la Pascua ó iban á los mercados en busca de comestibles para la noche buena; los chiquillos que corrían á comprar dulces, juguetes y adornos para el imprescindible Nacimiento; las señoras, que cubiertas de bordados pañuelones multicoloros, salían y entraban á las iglesias y las tiendas y los vendedores de diversas clases de objetos, impidiendo el paso en las entradas de los portales, formaban un abigarrado conjunto que daba idea de lo que era y lo que hacía el pueblo oaxaqueño en la víspera de sus solemnes festividades.

Los templos se hallaban engalanados con gran lujo de cirios, cortinas y adornos de metales preciosos.

En casi todas las casas se hablaba de la misa de media noche y se arreglaba el baile de Navidad, en el que tomaban parte solamente las personas mayores del sexo femenino, por exigirlo así las costumbres de la época.