"—¡Ver Nápoles y morir!—me decía con frecuencia un condiscípulo mío y yo le contestaba:—Ver la Alhambra y quedarse allí para siempre."
"El gran palacio de Alhamar parece á primera vista un conjunto de casas y templos en ruina coronados de perpetua vegetación; pero á medida que se penetra en su recinto, surgen por todas partes bosques de finísimas columnas revestidas de flores, galerías de asombrosa arquitectura, fuentes inmensas, patios alfombrados de rosas, cúpulas aéreas y artesonados de riqueza prodigiosa."
"De un gran patio sigue una galería y una mezquita, de allí se pasa á otro patio ó al baño y al retrete oculto que fueron nidos de amor y de felicidad; después á un jardín donde se respiran perfumes de paraíso y se oye á los ruiseñores cantando en los laureles, hasta que fatigada el alma, se siente presa de una fascinación misteriosa y deleitable."
"El Patio de los Leones con su fuente monumental y sus arcadas donde la piedra toma la forma de la filigrana y el encaje, á la verdad es una maravilla del arte oriental, que arranca frases de admiración y suspiros de tristeza."
"Aquel sitio pintoresco parece una decoración de teatro preparada para representar escenas de las legendarias cortes de amor y gentileza, que ocuparon al mundo aristocrático en los tiempos de la Caballería."
"El Patio de los Arrayanes cubierto de flores y rodeado de bellísimos salones, trae á la memoria la hermosura de las odaliscas, la riqueza de los califas y el valor de los abencerrajes."
"En el baño de las reinas y sobro todo, en el gabinete de Lindaraja, parece que aun habita el amor con sus misterios y sus quimeras; allí se ve la fuente que derramaba perfumes costosísimos, el rincón en que ardía el pebetero y la ventana ojiva donde se morían las flores al contacto de la mano ardiente de la sultana prisionera que también agonizaba de amor ó de tristeza."