"Aquel lugar estaba en su mayor parte obscuro, porque sólo una pequeña claraboya se abría cerca del techo."
XLVI.
"En el acto salió de las sombras la prisionera, temblorosa y despeinada; cayendo de rodillas á mis piés, con las manos extendidas, gritó llorando:—¡Perdóname, soy muy culpable!"
"Yo quedé como herido por un rayo, con los ojos fijos y los brazos caídos."
"¡Era María Luisa, la misma María Luisa que volvía yo á encontrar como aparición milagrosa!"
"—En nombre del cielo......—la dije:—¿Eres tú María?"
"—¡Perdón! ¡Perdón!—repitió sin oirme,—déjame aquí toda la vida ó mátame, porque si no me mato yo; pero antes perdóname."
"Sí, María, te perdono con todo el corazón,—contesté,—pero levántate y dime ¿por qué te encuentro así? ¿Por qué me dirían que habías muerto?"
—"¿Por qué me dijeron que te habías casado en España?—repuso sin que cesara de llorar."
"Después de un momento de penosa vacilación se levantó y permaneciendo muda é inmóvil como la estatua del dolor, sus ojos derramaban un fuego sombrío y sus lágrimas rodaban hasta secarse en su pecho enardecido."