"Todo lo creí, pero no dejaba de sufrir temiendo constantemente que alguien llegara á imponerse de lo que me pasaba y reírse á expensas de mi honra."

"¡Oh! Ciertamente yo era un bobo y no sólo para María Luisa, sino también ante el tribunal de la opinión pública, como pude conocerlo por varios incidentes harto desagradables que ocurrieron poco después."

LX.

"Una mañana saliendo de casa para concurrir á las bodas de uno de mis criados que quise apadrinar, me detuvo cierta vendedora de alhajas proponiéndome un collar de perlas:—No lo compro, señora,—la dije,—porque no tengo á quién regalarlo.—¡Cómo no ha de tener Ud!—-me contestó con acento animado y un tanto malicioso, añadiendo:—¿Y la novia de quien es Ud. padrino? ¿Y la Señorita María Luisa?"

"No supe qué contestar y continué mi camino."

"Más tarde, todos los convidados al casamiento bailaban y reían excepto yo; pero no queriendo aparecer disgustado ante aquellas buenas gentes que tanto me obsequiaban, invité para bailar á una joven de alegre fisonomía y talle muy ancho, que se hallaba sentada junto á mí."

"La niña no era fea y yo, por hablar algo, la dije:—Es Ud. la joven más graciosa que hay en esta reunión."

"Inmediatamente me contestó con mal reprimida coquetería:—Y la mora no es graciosa?"

"Si aquella muchacha me hubiera dado una bofetada en vez de contestarme como lo hizo, no hubiera sufrido tan fuerte alteración."