"En el acto me contaron que uno de ellos era de Puebla y los otros iban á pasar con él las fiestas de Navidad."

"Los tres hablaban sin parar, salpimentando su conversación con las palabras más ríspidas del idioma; yo apenas les contestaba, porque desde luego comprendí que eran vagos de oficio y viciosos de profesión."

"A cada golpe de la diligencia lanzaban imprecaciones terribles y cuando nos detuvimos en una venta para tomar el desayuno que les ofrecí, volvieron al coche provistos de una botella con aguardiente, asegurando que aquello era un gran remedio para los contratiempos del camino."

"Uno de ellos, el de Puebla, alto, pálido y delgado, á quien los otros daban el nombre de Pancho, hablaba de política, de literatura y reuniones aristocráticas."

"Los otros, según su propio dicho, eran tahures y además, muy prácticos para conquistar corazones de niñas y bolsillos de tontos."

"Aquellos tres hombres que manejaban á la perfección el dialecto de la canalla, comenzaron á contar sus hazañas en pleitos y amores, maltratando reputaciones y publicando con descaro las miserias de la sociedad lo mismo que sus propias debilidades."

LXIII.

"Nada hay tan despreciable como el cínico que para vergüenza de la especie humana, inventando hechos infames y repitiendo epigramas punzantes, parece complacerse con recoger las basuras de la sociedad y después de hartarse con ellas arroja los restos á la cara del que tiene delante."

"Aquellos corazones gangrenados no sabían lo que es amar ni sentir los instintos del honor."

"Cuando llegaron al capítulo de las mujeres casadas, yo no pude contenerme y con expresión un tanto airada, les dije:"