"En el instante formé mi plan, pagué un asiento y subí al vehículo que me había parecido un animal del infierno, el cual partió con furiosa rapidez."

"¡Ojalá—decía yo—que esos caballos brutos azoten la diligencia en una esquina y se acabe todo! Mas si esto no sucede, aun me queda el recurso de precipitarme desde lo alto de aquellas rocas acantiladas que se alzan en el camino de Tehuacán á Oaxaca, ó hundirme en un remanso del río de Quiotepec."

"Poco después me embargó un pesado sueño; pero concluyamos: en Puebla ya me aguardaba la litera que tuvo Ud. la bondad de remitirme."

"Con la sola esperanza de morir continué mi viaje, trayendo la desastrosa resolución de suicidarme en este lugar consagrado á la virtud, pues calculaba locamente que aquí á nadie comprometería, mientras que si lo efectuaba en el camino, podrían ser culpados de mi desaparición los inocentes conductores de la litera."

LXXIV.

"Ud. sabe lo demás, Padre mío, á Ud. debo la vida. Le ruego nuevamente que me perdone lo que hice y lo que haga, porque la calma que ahora siento, por desgracia, no es paz, es tregua solamente."

"Bajo este hábito protector aun se subleva mi corazón."

D. Carlos calló y después de unos instantes dijo con emoción profunda:

"Sí Padre. ¡Aquella mujer era mi vida y no puedo olvidarla porque no puedo morir!"