¡Ay, nuestro favorito derrotado! «Vadarkblar» sólo da que hablar como perdedor. He estrujado mis boletitos. ¡Y yo que creía tan seguro el «dato» del jaquet y la galera!...
Al salir para tomar nuestro automóvil nos cruzamos con un amigo. «¿Y... cómo les fué?»
—¡Al tacho!—responde mi marido.
Yo le aprieto el brazo y le digo: «¡Jorge, qué palabra tan inelegante!...»
LAS ANGUSTIAS DE MI PROTEGIDA
Mi protegida Inesilla—ya os he hablado varias veces de ella—vino a verme la otra tarde. Apenas entró en casa, noté en su gracioso semblante cierta turbación, un estado de inquietud y desasosiego que me alarmaron.
—¡Ay, Marianela, mi buena amiga, mi querida protectora, las cosas que a mí me pasan no le pasan a nadie!...
Y rompió a llorar sobre mi hombro en forma acongojada y angustiosa.
—¡Muchacha! ¡Me alarmas! Sosiégate, ¿Qué te pasa?...