¿Hasta cuándo durarán esta separación y este abandono tan cruel? ¿No sabes que á mis ojos ya no les quedan lágrimas?

¡Me abandonas! ¿Pero no crees que rompes así la antigua amistad? ¡Oh! ¡si tu objeto era despertar mis celos, lo has logrado!

¡Si el maldito Destino siempre ayudase á los hombres amorosos, las pobres mujeres no tendrían tiempo para dirigir reconvenciones á los amantes infieles!

¿A quién me quejaré para desahogar un poco mis desdichas, las desdichas causadas por tu mano, asesino de mi corazón?... ¡Ay de mí! ¿Qué recurso le queda al que perdió la garantía de su crédito? ¿Cómo cobrar la deuda?

¡Y la tristeza de mi corazón dolorido crece con la locura de mi deseo hacia ti! ¡Te busco! ¡Tengo tus promesas! Pero tú ¿dónde estás?

¡Oh hermanos! ¡os lego la obligación de vengarme del infiel! ¡Que sufra padecimientos como los míos! ¡Que apenas vaya á cerrar los ojos para el sueño, se los abra en seguida el insomnio largamente!

¡Por tu amor he sufrido las peores humillaciones! ¡Deseo, pues, que otro en mi lugar goce las mayores satisfacciones á costa tuya!

¡Hasta hoy me ha tocado padecer por su amor! ¡Pero á él, que de mí se burla, le tocará sufrir mañana!

Al oir esto, cayó desmayada otra vez la más joven de las hermanas, y su cuerpo apareció señalado por el látigo.

Entonces dijeron los tres saalik: «Más nos habría valido no entrar en esta casa, aunque hubiéramos pasado la noche sobre un montón de escombros, porque este espectáculo nos apena de tal modo, que acabará por destruirnos la espina dorsal.» Entonces el califa, volviéndose hacia ellos, les dijo: «¿Y por qué es eso?» Y contestaron: «Porque nos ha emocionado mucho lo que acaba de ocurrir.» Y el califa les preguntó: «¿De modo, que no sois de la casa?» Y contestaron: «Nada de eso. El que parece serlo es ese que está á tu lado.» Entonces exclamó el mandadero: «¡Por Alah! Esta noche he entrado en esta casa por primera vez, y mejor habría sido dormir sobre un montón de piedras.»