Y desde aquel instante, sin género de duda, quedó preñada Sett El-Hosn, según verás en lo que sigue, ¡oh Emir de los Creyentes!
Y cuando Badreddin acabó de hincar los quince clavos, dijo para sí: «¡Me parece que es bastante por ahora!» Y se tendió al lado de Sett El-Hosn, pasándole con suavidad la mano por debajo de la cabeza, y ella le rodeó también con su brazo, enlazándose ambos estrechamente, y antes de dormirse se recitaron estas estrofas admirables:
¡No temas nada! ¡Penetra tu lanza en el objeto de tu amor! ¡Y no hagas caso de los consejos del envidioso, pues no será el envidioso quien sirva á tus amores!
¡Piensa que el Clemente no creó más hermoso espectáculo que el de dos amantes entrelazados en la cama!
¡Míralos! ¡Ahí están, pegados uno á otro, cubiertos de bendiciones! ¡Sus manos y sus brazos les sirven de almohadas!
¡Cuando el mundo ve á dos corazones unidos por ardiente pasión, trata de herirlos con el acero frío!
¡Pero tú no hagas caso! ¡Cuando el Destino pone una beldad á tu paso, es para que la ames y para que con ella únicamente vivas!
Y esto es todo lo que acaeció á Hassán Badreddin y á Sett El-Hosn, la hija de su tío.
El efrit, por su parte, se apresuró á ir en busca de su compañera la efrita, y uno y otra admiraron á los dos jóvenes dormidos, asistiendo antes á sus juegos y contando los ataques del ariete. Luego el efrit dijo á la efrita: «Habrás visto, hermana, que tenía yo razón. Ahora debes cargar con el joven y llevarlo al mismo sitio de donde lo cogí, al cementerio de Bassra, en la tourbeh de su padre Nureddin. Y hazlo pronto, que yo te ayudaré, pues ya apunta el día y no es posible que dejemos así las cosas.» Entonces la efrita levantó al joven Hassán dormido, se lo echó á cuestas, sin más ropa que la camisa, porque el calzoncillo se le había caído en uno de sus embates, y voló con él, seguida de cerca por el efrit. De improviso, durante esta carrera por el aire, al efrit le asaltaron ideas lúbricas respecto á la efrita, y quiso violarla yendo cargada con el hermoso Hassán. Y la efrita no se hubiese opuesto en otra ocasión, pero ahora temía por el joven. Además intervino, afortunadamente, Alah, enviando contra el efrit á unos ángeles, que le echaron encima una columna de fuego y lo abrasaron. Y la efrita y Hassán se vieron libres del terrible efrit, que acaso los hubiese desplomado desde aquella altura. ¡Porque el efrit es terrible en su copulación! Entonces la efrita descendió al suelo, hacia el mismo sitio donde había caído el efrit, con el cual habría copulado de no llevar á Hassán, por el que temía mucho la efrita.
Pero había escrito el Destino que el lugar donde la efrita depositara á Hassán Badreddin (por no atreverse á transportarlo ella sola más lejos) estaría muy próximo á la ciudad de Damasco, en el país de Scham[7]. Y entonces la efrita llevó á Hassán muy cerca de una de las puertas de la ciudad, lo dejó suavemente en tierra y echó á volar otra vez.