¡Y esto fué todo lo de Hassán Badreddin!
En cuanto á la recién casada Sett El-Hosn, hija del visir Chamseddin, he aquí lo que hubo de ocurrirle:
Cuando se despertó Sett El-Hosn, la mañana siguiente á la noche de sus bodas, no encontró á su lado al hermoso Hassán; pero figurándose que habría ido al retrete, le aguardó muy tranquila.
En aquel momento se presentó á saber de ella su padre el visir Chamseddin. Llegaba muy inquieto. Estaba poseído de indignación por la injusticia del sultán obligándole á casar á la hermosa Sett El-Hosn con el palafrenero jorobado. Y al entrar en las habitaciones de su hija, se dijo: «Como sepa que se ha entregado á ese inmundo jorobado, la mato.»
Golpeó en la puerta de la cámara nupcial y llamó: «¡Sett El-Hosn!» Y desde dentro ella contestó: «¡Ya voy á abrir, padre mío!» Y levantándose en seguida, abrió la puerta. Parecía más hermosa que de costumbre, y mostraba resplandeciente el rostro y el alma, satisfecha por haber sentido las briosas caricias de aquel hermoso ciervo. E inclinándose ante su padre con coquetería, le besó las manos. Pero su padre, al verla tan contenta, en lugar de encontrarla afligida por su unión con el jorobado, le dijo: «¡Ah, desvergonzada! ¿Cómo te atreves á mostrarte con esa cara de alegría, después de haber dormido con el horrendo jorobeta?» Y Sett El-Hosn, al oirlo, se echó á reir, y exclamó: «¡Por Alah, padre mío, dejémonos de bromas! Bastante tengo con haber sido la irrisión de todos los invitados, á causa de mi supuesto marido, ese jorobado que no vale ni la recortadura de una uña de mi verdadero esposo de esta noche. ¡Oh, qué noche! ¡Cuán llena de delicias junto á mi amado! Basta, pues, de bromas, padre mío. No me hables más del jorobado.» El visir temblaba de coraje escuchando á su hija, y sus ojos estaban azules de furor, y dijo: «¿Qué dices, desdichada? ¿No pasaste aquí la noche con el jorobado?» Y ella contestó: «Por Alah sobre ti, ¡oh padre mío! No me hables más del jorobado. ¡Confúndalo Alah, á él, á su padre, á su madre y á toda su familia! Sabe de una vez que estoy enterada de la superchería que inventaste para defenderme del mal de ojo.» Y dió á su padre todos los pormenores de la boda y de cuanto le había ocurrido aquella noche, añadiendo: «¡Qué bien lo pasé sintiendo en mi regazo á mi adorado esposo, el hermoso joven de exquisitas maneras y espléndidos y negros ojos y de arqueadas cejas!»
Oído esto, gritó el visir: «Pero hija, ¿estás loca? ¿sabes lo que dices? ¿Dónde se halla el joven á quien llamas tu esposo?» Y Sett El-Hosn respondió: «Ha ido al retrete.» Entonces, el visir, muy alarmado, se precipitó afuera de la habitación, y corriendo hacia el retrete, se encontró al jorobado que seguía inmóvil, con los pies hacia arriba y la cabeza dentro del agujero. Estupefacto hasta más no poder, exclamó el visir: «¿Qué veo? ¿Eres tú, jorobeta?» Y como no le contestase, repitió esta pregunta en voz más alta. Pero el jorobado tampoco quiso contestar, porque seguía aterrado, creyendo que quien le hablaba era el efrit...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 22.ª NOCHE