Me levanté entonces y la estreché en mis brazos. Y siguió diciéndome las palabras más gratas y lamentando lo poco que podía hacer por mí en comparación de lo que yo había hecho por ella. Después, queriendo colmar cuanto había hecho, se levantó é inscribió á mi nombre todas las alhajas y ropas de lujo que poseía, así como sus valores, terrenos y fincas, certificándolo con su sello y ante testigos.

Y aquella noche, á pesar de los transportes de amor á que nos entregamos, se durmió muy entristecida por la desgracia que me había ocurrido por su causa.

Y desde aquel momento no dejó de lamentarse y afligirse de tal modo, que al cabo de un mes se apoderó de ella un decaimiento, que se fué acentuando y se agravó, hasta el punto de que murió á los cincuenta días.

Entonces dispuse todos los preparativos de los funerales, y yo mismo la deposité en la sepultura y mandé verificar cuantas ceremonias preceden al entierro. Al regresar del cementerio entré en la casa y examiné todos sus legados y donaciones, y vi que entre otras cosas me había dejado grandes almacenes llenos de sésamo. Precisamente de este sésamo cuya venta te encargué, ¡oh mi señor! por lo cual te aviniste á aceptar un escaso corretaje, muy inferior á tus méritos.

Y esos viajes que he realizado y que te asombraban eran indispensables para liquidar cuanto ella me ha dejado, y ahora mismo acabo de cobrar todo el dinero y arreglar otras cosas.

Te ruego, pues, que no rechaces la gratificación que quiero ofrecerte, ¡oh tú que me das hospitalidad en tu casa y me invitas á compartir tus manjares! Me harás un favor aceptando todo el dinero que has guardado y que cobraste por la venta del sésamo.

Y tal es mi historia y la causa de que coma siempre con la mano izquierda.

Entonces, yo, ¡oh poderoso rey! dije al joven: «En verdad que me colmas de favores y beneficios.» Y me contestó: «Eso no vale nada. ¿Quieres ahora, ¡oh excelente corredor! acompañarme á mi tierra, que, como sabes, es Bagdad? Acabo de hacer importantes compras de géneros en El Cairo, y pienso venderlos con mucha ganancia en Bagdad. ¿Quieres ser mi compañero de viaje y mi socio en las ganancias?» Y contesté: «Pongo tus deseos sobre mis ojos.» Y determinamos partir á fin del mes.

Mientras tanto, me ocupé en vender sin pérdida ninguna todo lo que poseía, y con el dinero que aquello me produjo compré también muchos géneros. Y partí con el joven hacia Bagdad, y desdo allí, después de obtener ganancias cuantiosas y comprar otras mercancías, nos encaminamos á este país que gobiernas, ¡oh rey de los siglos!

Y el joven vendió aquí todos sus géneros y ha marchado de nuevo á Egipto, y me disponía á reunirme con él, cuando me ha ocurrido esta aventura con el jorobado, debida á mi desconocimiento del país, pues soy un extranjero que viaja para realizar sus negocios.