Tal es, ¡oh rey de los siglos! la historia, que juzgo más extraordinaria que la del jorobado.
Pero el rey contestó: «Pues á mi no me lo parece. Y voy á mandar que os ahorquen á todos, para que paguéis el crimen cometido en la persona de mi bufón, este pobre jorobado á quien matasteis.»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 27.ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que cuando el rey de la China dijo: «Voy á mandar que os ahorquen á todos», el intendente dió un paso, prosternándose ante el rey, y dijo: «Si me lo permites, te contaré una historia que ha ocurrido hace pocos días, y que es más sorprendente y maravillosa que la del jorobado. Si así lo crees después de haberla oído, nos indultarás á todos.» El rey de la China dijo: «¡Así sea!» Y el intendente contó lo que sigue:
«Sabe, ¡oh rey de los siglos y del tiempo! que la noche última me convidaron á una comida de boda, á la cual asistían los sabios versados en el Libro de la Nobleza. Terminada la lectura del Corán, se tendió el mantel, se colocaron los manjares y se trajo todo lo necesario para el festín. Pero entre otros comestibles, había un plato de arroz preparado con ajos, que se llama rozbaja, y que es delicioso si está en su punto el arroz y se han dosificado bien los ajos y especias que lo sazonan. Todos empezamos á comerlo con gran apetito, excepto uno de los convidados, que se negó rotundamente á tocar este plato de rozbaja. Y como le instábamos á que lo probase, juró que no haría tal cosa. Entonces repetimos nuestro ruego, pero él nos dijo: «Por favor, no me apremiéis de ese modo. Bastante lo pagué una vez que tuve la desgracia de probarlo.» Y recitó esta estrofa:
¡Si no quieres tratarte con el que fué tu amigo y deseas evitar su saludo, no pierdas el tiempo en inventar estratagemas: huye de él!