HISTORIA DE DULCE-AMIGA[1]
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que el trono de Bassra fué ocupado por un sultán tributario de su soberano el califa Harún Al-Rachid, que se llamaba el rey Mohammad ben-Soleimán El-Zeiní. Amparaba á los pobres y á los necesitados, se compadecía de sus súbditos desgraciados y repartía su fortuna entre los que creían en nuestro Profeta Mohamed (¡con él sean la plegaria y la paz de Alah!) Era, pues, verdaderamente digno de este elogio del poeta:
¡Transformó en su pluma la punta de la lanza, el corazón de los enemigos en una hoja donde escribir, y en tinta su sangre!
Tenía dos visires, llamados respectivamente El-Mohin ben-Sauí y El-Faldl ben-Khacan. Pero hay que saber que El-Faldl era el hombre más generoso de su tiempo, dotado de buen carácter, admirables costumbres y excelentes cualidades, que le granjearon el cariño de todos los corazones y la estimación de los hombres prudentes y sabios, quienes le consultaban y pedían su parecer en los asuntos más difíciles. Y todos los habitantes del reino, sin ninguna excepción, le deseaban larga vida y muchas prosperidades, porque hacía todo el bien posible y odiaba la injusticia. En cuanto al otro visir, llamado El-Mohin, era muy diferente: tenía horror al bien y cultivaba el mal, hasta tal punto, que un poeta dijo:
¡Le vi! Y en seguida me dispuse á huir ante la mancilla de su aproximación, y me levanté la orla del ropón para evitar su torpe contacto! ¡Y confié mi salvación á la ligereza de mi corcel para que me llevase lejos de aquel elemento tan impuro!
De modo que á cada uno de estos dos visires, tan distintos entre sí, se les puede aplicar cada uno de estos versos de otro poeta:
¡Goza la deliciosa compañía del hombre noble, de alma noble, hijo de noble, pues siempre observarás que el hombre noble ha nacido noble y de padre noble!