Y entonces entró el visir Fadleddín y vió á todas las mujeres llorando, llenas de desolación. Y preguntó: «¿Pero qué os ocurre, hijas mías?» Y la madre de Alí-Nur se secó los ojos y dijo: «¡Oh esposo mío! Empieza por jurarme por la vida de nuestro Profeta (¡sean con él la plegaria y la paz de Alah!) que has de conformarte de todo punto con lo que te diga, si no, moriré antes que hablar.» Juró el visir, y su mujer le contó el supuesto engaño de Alí-Nur y la irremediable pérdida de la virginidad de Dulce-Amiga.

Alí-Nur había hecho pasar muy malos ratos á sus padres, pero Fadleddín, al enterarse de su reciente fechoría, quedó aterrado, se desgarró las vestiduras, se dió de puñetazos en la cara, se mordió las manos, se mesó las barbas y tiró por los aires el turbante. Entonces su esposa trató de consolarle, y le dijo: «No te aflijas de ese modo, pues los diez mil dinares te los restituiré por completo sacándolos de mi peculio y vendiendo parte de mis pedrerías.» Pero el visir Fadleddín exclamó: «¿Qué piensas, ¡oh mi señora!? ¿Se te figura que lamento la pérdida de ese dinero, que para nada necesito? Lo que me aflige es la mancha que ha caído en mi honor y la probable pérdida de la vida.» Y su esposa dijo: «En realidad, nada se ha perdido, pues el rey ignora hasta la existencia de Dulce-Amiga, y con mayor razón la pérdida de su virginidad. Con los diez mil dinares que te daré podrás comprar otra esclava, y nosotros nos quedaremos con Dulce-Amiga, que adora á nuestro hijo. Y es un verdadero tesoro el haberla encontrado, porque es de todo punto perfecta.» El visir replicó: «¡Oh madre de Alí-Nur! Te olvidas del enemigo que queda detrás de nosotros, del segundo visir, llamado El-Mohín ben-Sauí, que acabará por enterarse de todo alguna vez. Aquel día avanzará entre las manos del rey y le dirá...»

Al llegar á este momento de su narración, vió Schahrazada que iba á nacer el día, é interrumpió discretamente su relato.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 33.ª NOCHE

Schahrazada prosiguió:

He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que el visir Fadleddín dijo á su mujer: «Aquel día mi enemigo el visir Sauí se presentará entre las manos del sultán y le dirá: «¡Oh rey! He aquí que el visir á quien tanto ponderas y de cuya adhesión pretendes estar seguro te sacó diez mil dinares para comprarte una esclava, y efectivamente, compró una esclava sin igual en el mundo. Y como la encontraba maravillosa, le dijo á su hijo Alí-Nur, mozalbete corrompido: «Tómala, hijo mío; más vale que la goces tú que ese sultán viejo, que tiene no sé cuántas concubinas, suya virginidad no puede disfrutar.» Y el joven Alí-Nur, que es una especialidad en lo de robar virginidades, se apoderó de la hermosa esclava, y en un abrir y cerrar de ojos la perforó de parte á parte. Pero he aquí que sigue pasando agradablemente el tiempo con ella en el palacio de su padre, y el joven perforador, disoluto y holgazán, no sale de las habitaciones de las mujeres.»

»Al oir estas palabras de mi enemigo—siguió diciendo el visir Fadleddín—, el sultán, que me estima, se negará á creerlo, y dirá: «Mientes, ¡oh Mohín ben-Sauí!» Pero Sauí le contestará: «Permíteme cercar con soldados la casa de Fadleddín, y te traeré inmediatamente la esclava, y con tus propios ojos comprobarás la cosa.» Y el sultán, que es mudable, le dará permiso, y Sauí vendrá aquí con los soldados, apoderándose de Dulce-Amiga, que arrebatará de vosotras y la llevará entre las manos del sultán. Y el sultán interrogará á Dulce-Amiga, que tendrá que confesarlo todo. Entonces mi enemigo Sauí, afirmando su triunfo, dirá: «¡Oh mi señor! ¿Ves cómo soy para ti un buen consejero? Pero ¿qué le vamos á hacer? Está escrito que me has de despreciar, mientras que el traidor Fadleddín será tu preferido.» Y el sultán, rectificando su opinión con respecto á mí, me castigará severamente. Y seré la irrisión de cuantos hoy me estiman, y perderé mi vida y con ella toda la casa.»

Al oir esto la madre de Alí-Nur, respondió á su esposo: «Créeme; no hables á nadie de este asunto, y nadie se enterará. Confía tu suerte á la voluntad de Alah, el muy poderoso. Sólo ocurrirá lo que haya de ocurrir.» Entonces el visir se sintió tranquilizado con estas palabras, calmándose su inquietud en cuanto á las consecuencias futuras, pero no por ello se aplacó su cólera contra Alí-Nur.

Por lo que se refiere al joven Alí-Nur, había salido apresuradamente del aposento de Dulce-Amiga al oir los gritos de las dos esclavas, y se pasó el día dando vueltas por aquellos alrededores. No volvió al palacio hasta que fué de noche, y se apresuró á deslizarse junto á su madre, en el departamento de las mujeres, para evitar la cólera del visir. Y su madre, á pesar de todo lo ocurrido, acabó por abrazarle y perdonarle, y lo ocultó cuidadosamente, ayudada por todas sus doncellas, que envidiaban secretamente á Dulce-Amiga por haber tenido entre sus brazos á aquel ciervo incomparable. Además, todas estaban de acuerdo para prevenirle contra la ira del visir. De modo que Alí-Nur, durante un mes entero, fué amparado por aquellas mujeres, que por la noche le abrían la puerta de las habitaciones de su madre. Y allí se deslizaba Alí-Nur sigilosamente, y allí, en connivencia con su madre, le iba á buscar en secreto Dulce-Amiga.