¡Dárselo á mis enemigos, á mis peores enemigos, sería una locura! ¡Entre los hombres equivale obrar así á transformar la felicidad en infortunio!
¡Pues mis enemigos se apresurarán á comérselo y bebérselo alegremente, y no pensarán en dar una limosna al necesitado!
¡Por eso hago bien ocultando mi dinero al perverso que no sabe compadecer los males de sus semejantes!
¡Conservaré mi dinero! ¡Desdichado del pobre que pide una limosna, lleno de sed, como el camello apartado del abrevadero durante cinco días! ¡Su alma llegará á ser más vil que la misma alma del perro!
¡Oh! ¡Desgraciado del hombre sin dinero y sin recursos, aunque sea el más sabio de los sabios y su mérito resplandezca más que el sol!»
Oídos estos versos, Alí-Nur miró á su administrador, y le dijo: «Tus palabras no han de influir en mí para nada. Sabe de una vez para siempre esto que te voy á decir: Cuando hechas tus cuentas resulte que aún me quede dinero para el desayuno, procura no molestarme con la preocupación de la cena. Porque tiene razón el poeta cuando dice:
Si algún día me viese abandonado por la fortuna y rendido á la pobreza, ¿qué haría yo? ¡Pues precisamente privarme de mis placeres y no mover ni brazos ni piernas!
¡Desafío á todo el mundo á que me presente un avaro que haya merecido alabanzas por su avaricia, y también lo reto á que me enseñe un pródigo que haya muerto á causa de su prodigalidad!»
Al oir estos versos, el administrador no pudo hacer más que retirarse, saludando respetuosamente á su amo, para ir á ocuparse en sus asuntos.
En cuanto á Alí-Nur, ya no supo reprimir desde aquel día su generosidad, que le incitaba á dar cuanto poseía, regalándolo á sus amigos y hasta á los extraños. Bastaba que cualquier convidado exclamase: «¡Qué bonita es tal cosa!», para que inmediatamente le contestara: «Tuya es.» Si otro decía: «¡Oh mi querido señor, qué hermosa es esta finca!», inmediatamente le replicaba Alí-Nur: «Voy á mandar que la inscriban ahora mismo á tu nombre.» Y mandaba traer el cálamo, el tintero de cobre y el papel, é inscribía la casa á nombre del amigo, sellando el documento con su propio sello. Y así hizo durante todo un año; y por la mañana daba un banquete á todos sus amigos, y por la tarde les ofrecía otro, al son de los instrumentos, amenizándolo los mejores cantantes y las danzarinas más notables.