¡Y le di un puñetazo con la mano derecha y otro con la izquierda! ¡Y desahogué en él la ira que me devoraba!

¡Después, por temor de que me prendiesen, y para librarme de mi enemigo, huí de casa!

¡El rey de la ciudad mandó que me prendieran; pero entonces vi acudir en mi ayuda á un joven chambelán hermoso y leal!

¡Y para librarme de las asechanzas de mis enemigos, me aconsejó que huyera muy lejos!

¡Y cogí á mi amiga, y en alas de la noche salimos de nuestro país tomando el camino de Bagdad!

¡Y ahora, sabe que no tengo más tesoro que mi amiga, y te la regalo, ¡oh pescador!

¡Y sabe que te entrego á la amada de mi corazón, y que al quedarte con ella te quedas con mi propio corazón, ¡oh pescador!

Cuando Alí-Nur acabó de desgranar la última perla, el califa dijo: «¡Oh mi señor! después de haberme maravillado con tu sarta de perlas, ¿querrías darme algunos pormenores sobre los preciosos bordados de esa historia tan maravillosa?» Y entonces Alí-Nur, que creía estar hablando con el pescador Karim, le refirió todas las particularidades de la historia, desde el principio hasta el fin.

Pero cuando el califa se hubo enterado perfectamente de toda la historia, dijo: «Y ahora ¿adónde piensas ir, ¡oh mi señor Alí-Nur!?» Y Alí-Nur contestó: «¡Oh pescador! las tierras de Alah son vastas hasta lo infinito.» Entonces el califa dijo: «Escúchame, ¡oh joven! Aunque sea como soy un pobre pescador oscuro y sin luces, voy á darte una carta para que la entregues en propia mano al sultán de Bassra, Mohammad ben-Soleimán El-Zeiní. Y cuando la haya leído, ya verás qué resultado tan favorable tendrá para ti.»

Al llegar á este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y no prolongó más el hilo de su relato.