¡El que vive, aunque sólo sea un día, después de haber visto morir á su enemigo, consigue el fin deseado!»

Inmediatamente mandó á los guardias que se apoderaran de Alí-Nur y lo montasen en un mulo; pero los guardias vacilaron al ver que la muchedumbre decía á Alí-Nur: «Mándanoslo, y ahora mismo apedrearemos á ese hombre y lo haremos pedazos, aunque nos arriesguemos á perdernos y á perder nuestra alma.» Pero Alí-Nur repuso: «¡Oh, no! ¡No hagáis semejante cosa! Recordad estos versos del poeta:

¡Todo hombre tiene que pasar su tiempo en la tierra, y transcurrido ese tiempo, ha de morir!

¡Por eso, aunque los leones me arrastraran á su selva, nada tendría que temer como no hubiera llegado mi hora!»

Los guardias se apoderaron entonces de Alí-Nur, lo montaron en un mulo y recorrieron así toda la ciudad, hasta llegar al palacio, frente á las ventanas del sultán. Y gritaban: «¡Este es el castigo contra todo el que se atreva á falsificar documentos!» Después llevaron á Alí-Nur al lugar de los suplicios, allí donde se encharcaba la sangre de los sentenciados. Y el verdugo, con el alfanje en la mano, se acercó un momento á Alí-Nur y le dijo: «Soy tu esclavo; si necesitas que haga alguna cosa no tienes más que decirla, y la haré inmediatamente. Si necesitas beber ó comer, manda y te obedeceré en el acto. Pues has de saber que te quedan muy pocos minutos de vida; sólo hasta que el sultán se asome á la ventana.» Entonces Alí-Nur miró á derecha é izquierda, y recitó estas estrofas:

¡Decidme, por favor! ¿Hay entre vosotros un amigo compasivo que quiera ayudarme?

¡Va á terminarse el tiempo de mi vida y á cumplirse mi destino! ¿Hay algún hombre caritativo que me socorra y que merezca ser recompensado por su buena acción?

¡Que eche una mirada á mi desdicha, que descubra mi tristeza y me dé un poco de agua para calmar los sufrimientos de mi suplicio!

Entonces todos los presentes empezaron á llorar, y el verdugo fué en seguida en busca de una alcarraza con agua y se la presentó á Alí-Nur. Pero inmediatamente el visir Sauí acudió desde su sitio, y dando un golpe á la alcarraza la rompió en mil pedazos. Y en seguida gritó enfurecido al verdugo: «¿Qué aguardas para cortarle la cabeza?» Y el verdugo cogió entonces un lienzo y vendó los ojos á Alí-Nur. Y al verlo, la multitud se encaró con el visir y empezó á injuriarle, aumentando cada vez más el tumulto de gritos. Y no cesaba la agitación, cuando súbitamente se levantó una nube de polvo y resonaron clamores confusos que iban aproximándose, llenando el aire y el espacio.