Y pregunto á cuantos me ven: ¿No hay nadie entre vosotros que me compadezca, que se duela de lo inmenso de mi desdicha y que responda á mis llamamientos?
¡Qué dulce me parece la muerte, á pesar de todos sus terrores, ahora que se ha acabado toda esperanza engañosa de la vida!
¡Señor! ¡Tú que envías á quienes anuncian buenas nuevas; tú que eres el mar de la generosidad; tú que guías á los portadores de consuelo!
¡A ti imploro, abiertas todas las heridas de un alma atormentada! ¡Líbrame de mis sufrimientos y de los peligros! ¡Perdona mi torpeza! ¡Olvida mis errores y mis faltas!
Cuando Alí-Nur terminó su lamentación, se le acercó Kutait, le explicó lo que pasaba y le ayudó á quitarse la ropa limpia que le había dado ocultamente, y le vistió de harapos, llevándole en seguida á la presencia del visir, que lo aguardaba pateando de rabia. Y apenas le vió Alí-Nur, acabó de convencerse del odio que le tenía aquel enemigo de su padre. Pero le dijo: «Heme aquí, ¡oh visir! ¿Crees que te será siempre favorable el destino para fiar en él de ese modo? Ignoras las palabras del poeta:
¡Al tener que sentenciar lo aprovecharon para extralimitarse en sus derechos y faltar á la justicia! ¿Ignoran que su veredicto pronto dejará de serlo, y se disolverá en la nada?»
Y añadió Alí-Nur: «¡Oh visir! ¡sabe que sólo Alah es poderoso, que es el Único Realizador!» Y el visir le dijo: «¡Oh Alí! ¿crees intimidarme con todas tus sentencias? Sabe que hoy mismo, contra tu voluntad y contra la de todos los habitantes de Bassra, te cortaré la cabeza. Y para imitarte, te recordaré lo que el poeta dijo:
¡Deja obrar al tiempo á su gusto, pero disfruta de la satisfacción de hacerte justicia!
Y también es admirable este otro verso: