Después Giafar permaneció en Bassra, en casa del nuevo rey, los tres días reglamentarios de cortesía. Pero al cuarto día, Alí-Nur se dirigió á Giafar y le dijo: «Tengo vivos deseos de volver á ver al Emir de los Creyentes.» Y Giafar se avino á ello, y dijo: «Empecemos por hacer nuestra oración de la mañana, y saldremos en seguida para Bagdad.» Y el rey dijo: «Escucho y obedezco.» É hicieron la oración de la mañana, y ambos, acompañados de guardias y jinetes llevando consigo al ex rey Mohammad El-Zeiní y al visir Sauí, emprendieron el camino de Bagdad. Y durante el viaje, el visir Sauí tuvo tiempo para reflexionar y morderse las manos arrepentido.

Alí-Nur marchó todo el camino al lado de Giafar, hasta que llegaron á Bagdad, morada de paz. Y se apresuraron á presentarse al califa, y Giafar le contó la historia de Alí-Nur. Entonces el califa mandó acercarse á Alí-Nur, y le dijo: «Toma este alfanje y corta con tu propia mano la cabeza de tu enemigo, el miserable Ben-Sauí.» Y Alí-Nur cogió el acero y se acercó á Ben-Sauí, pero éste lo miró y le dijo: «¡Oh Alí-Nur! Yo procedí contigo según mi temperamento, al cual no podía sustraerme. Pero tú debes obrar á tu vez según el tuyo.» Entonces Alí-Nur tiró el alfanje, miró al califa, y le dijo: «¡Oh Emir de los Creyentes! este hombre me ha desarmado.»

Y recitó lo que dice el poeta:

¡He visto á mi enemigo y no he sabido cómo vencerle, pues el hombre puro siempre es vencido por las palabras de bondad!

Pero el califa exclamó: «¡Está bien, Alí-Nur!» Y dijo á Massrur: «¡Oh Massrur! Levántate y corta la cabeza á ese bandido.» Y Massrur se levantó, y de un solo tajo degolló al visir El-Mohín ben-Sauí. Entonces el califa se dirigió á Alí-Nur, y le dijo: «Ahora puedes pedirme lo que quieras.» Y Alí-Nur respondió: «¡Oh señor y dueño mío! no deseo reinar, ni quiero tener ninguna intervención en el trono de Bassra. No siento más deseo que tener la dicha de contemplar tus facciones.» Y el califa contestó: «¡Oh Alí-Nur! con todo el cariño de mi corazón y como homenaje debido.» Después mandó llamar á Dulce-Amiga, y se la devolvió á Alí-Nur, y les dió grandes riquezas, y un palacio de los más hermosos de Bagdad, y una suntuosa pensión del Tesoro. Y quiso que Alí-Nur ben-Khacan fuera su íntimo compañero. Y acabó por perdonar al sultán Mohammad El-Zeiní, al cual repuso en el trono, encargándole que en adelante eligiese mejor sus visires. Y todos vivieron con alegría y prosperidad hasta su muerte.

Al terminar, la discretísima Schahrazada dijo al rey: «No creas, ¡oh rey! que esta historia de Alí-Nur y Dulce-Amiga, aunque muy deliciosa, sea tan notable y sorprendente como la de Ghanem ben-Ayub y su hermana Fetnah.» Y el rey Schahriar contestó: «No conozco tal historia.»

HISTORIA DE GHANEM BEN-AYUB Y DE SU HERMANA FETNAH