Entonces dijo mi amo: «¡Por Alah! Pero si Kafur acaba de venir ahora mismo gritando: «¡Ay mi ama! ¡Ay los pobres hijos de mi ama!» Y le he preguntado: «¿Qué ocurre, ¡oh Kafur!?» Y me ha dicho: «Mi ama, con todos sus hijos, acaba de perecer debajo de las ruinas de la casa.»
Inmediatamente mi amo se volvió hacia donde estaba yo, y vió que seguía echándome polvo sobre la cabeza, y desgarrándome la ropa, y tirando el turbante. Y dando una voz terrible, me mandó que me acercara. Al acercarme me dijo: «¡Ah miserable esclavo! ¡Negro de mal agüero! ¡Hijo de una zorra y de mil perros! ¡Maldito y de raza maldita! ¿Por qué has ocasionado tanto trastorno? ¡Por Alah, que he de castigar tu crimen según se merece! ¡Te he de arrancar la piel de la carne, y la carne de los huesos!» Y yo contesté resueltamente: «¡Por Alah, que no me has de hacer ningún daño, pues me compraste con mi vicio, y como fué ante testigos, declararán que sabías mi vicio de decir una mentira cada año, y así lo anunció el pregonero! Pero he de advertirte que todo lo que acabo de hacer no ha sido más que media mentira, y me reservo el derecho de soltar la otra mitad que me corresponde decir antes que acabe el año.» Mi amo, al oirme, exclamó: «¡Oh tú, el más vil y maldito de todos los negros! ¿Conque lo que acabas de hacer no es más que la mitad de una mentira? ¡Pues valiente calamidad la que tú eres! ¡Vete, oh perro, hijo de perro, te despido! Ya estás libre de toda esclavitud.» Y yo dije: «¡Por Alah, que podrás echarme, ¡oh mi amo! pero yo no me voy de ninguna manera! He de soltar la otra mitad de la mentira. Y esto será antes de que acabe el año. Entonces me podrás llevar al zoco para venderme con mi vicio. Pero antes no me puedes abandonar, pues no tengo oficio de qué vivir. Y cuanto te digo es cosa muy legal, y legalmente reconocida por los jueces cuando me compraste.»
Y mientras tanto, los vecinos que habían venido para asistir á los funerales se preguntaban qué era lo que pasaba. Entonces les enteraron de todo, lo mismo que al walí, á los mercaderes y á los amigos, explicándoles la mentira que yo había inventado. Y cuando les dijeron que todo aquello no era más que la mitad, llegaron todos al límite de la estupefacción, juzgando que aquella mitad era ya de suyo bastante enorme. Y me maldijeron y me brindaron toda clase de insultos, á cuál peor de todos. Y yo seguía riéndome y decía: «No tenéis razón en reconvenirme, pues me compraron con mi vicio.»
Y así llegamos á la calle en que vivía mi amo, y vió que su casa no era más que un montón de ruinas. Y entonces se enteró de que yo había contribuído á destruirla, pues le dijo su mujer: «Kafur ha roto todos los muebles, y los jarrones, y la cristalería, y ha hecho pedazos cuanto ha podido.» Y llegado al límite del furor, exclamó: «¡En mi vida he visto un hijo de zorra como este miserable negro! ¡Y aún dice que no es más que la mitad de un embuste! ¿Pues qué sería una mentira completa? ¡Lo menos la destrucción de una ó dos ciudades!» E inmediatamente me llevaron á casa del walí, que me mandó dar tan soberana paliza, que me desmayé.
Y encontrándome en tal estado, mandaron llamar á un barbero, que con sus instrumentos me castró del todo y cauterizó la herida con un hierro candente. Y al despertar me enteré de lo que me faltaba y de que me habían hecho eunuco para toda mi vida. Entonces mi amo me dijo: «Así como tú me has abrasado el corazón queriendo arrebatarme lo que más quería, así te lo quemo yo á ti, quitándote lo que querías más.» Después me llevó consigo al zoco, y me vendió por más precio, puesto que yo había encarecido al convertirme en eunuco.
Desde entonces he causado la discordia y el trastorno en todas las casas en que entré como eunuco, y he ido pasando de un amo á otro, de un emir á un emir, de un notable á un notable, según la venta y la compra, hasta ser propiedad del mismo Emir de los Creyentes. Pero he perdido mucho, y mis fuerzas disminuyeron desde que me quedé sin lo que me falta.
Y tal es, ¡oh hermanos! la causa de mi castración. He aquí que se ha terminado mi historia. ¡Uassalam!»
Y los otros dos negros, oído el relato de Kafur, empezaron á reirse y á burlarse de él, diciendo: «Eres todo un bribón, hijo de bribón. Y tu mentira fué una mentira formidable.»
Después el tercer negro, llamado Bakhita, tomó la palabra, y dirigiéndose á sus dos compañeros, dijo: