En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 39.ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado á saber, ¡oh rey afortunado! que el eunuco Kafur prosiguió de este modo el relato de su historia:
«Entonces corrí al jardín, mientras que las mujeres y todos los demás se dirigían á casa del walí para contarle lo ocurrido. Y el walí se levantó y montó á caballo, llevando consigo peones que iban cargados de herramientas, sacos y canastos, y todo el mundo emprendió el camino del jardín siguiendo las indicaciones que yo había suministrado.
Y yo me cubrí de tierra la cabeza, empecé á golpearme la cara y llegué al jardín gritando: «¡Ay mi pobre ama! ¡Ay mis pobres amitas! ¡Ay! ¡Desdichados de todos nosotros!» Y así me presenté entre los comensales. Cuando mi amo me vió de aquella manera, cubierta la cabeza de tierra, aporreada la cara y gritando: «¡Ay! ¿Quién me recogerá ahora? ¿Qué mujer será tan buena para mí como mi pobre ama?», cambió de color, le palideció la tez, y me dijo: «¿Qué te pasa, ¡oh Kafur!? ¿Qué ha ocurrido? Dime.» Y yo le contesté: «¡Oh amo mío! Cuando me mandaste que fuera á casa á pedirle tal cosa á mi ama, llegué y vi que la casa se había derrumbado, sepultando entre los escombros á mi ama y á sus hijas.» Y mi amo gritó entonces: «¿Pero no se ha podido salvar tu ama?» Y yo dije: «Nadie se ha salvado, y la primera en sucumbir ha sido mi pobre ama.» Y me volvió á preguntar: «¿Pero y la más pequeña de mis hijas tampoco se ha salvado?» Y contesté: «Tampoco.» Y me dijo: «¿Y la mula, la que yo suelo montar, tampoco se ha salvado?» Y dije: «No, ¡oh amo mío! porque las paredes de la casa y las de la cuadra se han derrumbado encima de todo lo que había en la casa, sin excluir á los carneros, los gansos y las gallinas. Todo se ha convertido en una masa informe debajo de las ruinas. Nada queda ya.» Y volvió á preguntarme: «¿Ni siquiera el mayor de mis hijos?» Y respondí: «¡Ay! ni siquiera ése. No ha quedado nadie con vida. Ya no hay casa ni habitantes. Ni siquiera quedan ya rastros de ellos. En cuanto á los carneros, los gansos y las gallinas, deben ser en este momento pasto de los perros y los gatos.»
Cuando mi amo oyó estas palabras, la luz se transformó para él en tinieblas, quedó privado de toda voluntad, las piernas no le podían sostener, se le paralizaron los músculos y se le encorvó la espalda. Después empezó á desgarrarse la ropa, á mesarse las barbas, á abofetearse y á quitarse el turbante. Y no dejó de darse golpes, hasta que se le ensangrentó todo el rostro. Y gritaba: «¡Ay mi mujer! ¡Ay mis hijos! ¡Qué horror! ¡Qué desdicha! ¿Habrá otra desgracia semejante á la mía?» Y todos los mercaderes se lamentaban y lloraban como él para expresarle su pesar, y se desgarraban las ropas.
Entonces mi amo salió del jardín seguido de todos los convidados, y no cesaba de darse golpes, principalmente en el rostro, andando como si estuviese borracho. Pero apenas había traspuesto la puerta del jardín, vió una gran polvareda y oyó gritos desaforados. Y no tardó en ver aparecer al walí con toda su comitiva, seguido de las mujeres y vecinos del barrio y de cuantos transeuntes se habían unido á ellos en el camino, movidos por la curiosidad. Y todo el gentío lloraba y se lamentaba.
La primera persona con quien se encontró mi amo fué con su esposa, y detrás de ella vió á todos sus hijos. Y al verlos se quedó estupefacto, como si perdiera la razón, y luego se echó á reir, y su familia se arrojó en sus brazos y se colgó á su cuello. Y llorando decían: «¡Oh padre! ¡Alah sea bendito por haberte librado!» Y él les preguntó: «¿Y vosotros? ¿qué os ha ocurrido?» Su mujer le dijo: «¡Bendito sea Alah, que nos permite volver á ver tu cara sin ningún peligro! Pero ¿cómo lo has hecho para salvarte de entre los escombros? Nosotros, ya ves que estamos perfectamente. Y á no ser por la terrible noticia que nos anunció Kafur, tampoco habría pasado nada en casa.» Y mi amo exclamó: «¿Pero qué noticia es esa?» Y su mujer dijo: «Kafur llegó con la cabeza descubierta y la ropa desgarrada, gritando: «¡Oh mi pobre amo! ¡Oh mi desdichado amo!» Y le preguntamos: «¿Qué ocurre, ¡oh Kafur!?» Y nos dijo: «Mi amo se había acurrucado junto á una pared para evacuar una necesidad, cuando de pronto la pared se derrumbó y le enterró vivo.»