¡Soy hermosa y esbelta! ¿Por qué huyes de mí? ¡Nada falta á mi hermosura, pues estoy llena de maravillas! ¿Por qué me abandonas?

¡He incendiado todos los corazones y he quitado el sueño á todos los párpados! ¡Soy flor de fuego, y nadie me ha cogido!

¡Soy una rama, y las ramas han nacido para que las cojan, las ramas flexibles y floridas! ¡Soy la rama florida y flexible! ¿No quieres cogerme?

¡Soy la gacela, y las gacelas nacieron para la caza, las gacelas finas y amorosas! ¡Soy la gacela fina y amorosa, oh cazador! ¡Nací para tus redes! ¿Por qué no me coges en ellas?

¡Soy la flor, y las flores nacieron para ser aspiradas, las flores delicadas y olorosas! ¡Soy la flor delicada y olorosa! ¿Por qué no quieres aspirarme?

Pero Ghanem, aunque más enamorado que nunca, no quiso faltar al respeto debido al califa, y á pesar de los grandes deseos de la joven, todo siguió lo mismo durante un mes. Esto en cuanto á Ghanem y á Kuat Al-Kulub, favorita del Emir de los Creyentes.

Pero en cuanto á Zobeida, he aquí que cuando el califa se ausentó hizo con su rival lo que ya se ha referido, pero después reflexionó, y se dijo: «¿Qué contestaré al califa cuando al regresar me pida noticias de Kuat Al-Kulub?» Entonces se decidió á llamar á una vieja cuyos buenos consejos le inspiraban gran confianza desde muy niña. Y le reveló su secreto, y le dijo: «¿Qué haremos ahora después de haberle pasado á Kuat Al-Kulub lo que le habrá pasado?» La vieja contestó: «Me hago cargo de todo, ¡oh mi señora! pero el tiempo apremia, porque el califa va á volver en seguida. Hay muchos medios de ocultárselo todo, pero te voy á indicar el más rápido y seguro. Encarga que te hagan un maniquí de madera que simule el cadáver. Lo depositaremos en la tumba con gran ceremonial; se le encenderán candelabros y cirios á su alrededor, y mandarás á todos los de palacio, á todas tus esclavas y á las esclavas de Kuat Al-Kulub, que se vistan de luto y que pongan colgaduras negras. Y cuando venga el califa y pregunte la causa de todo esto, se le dice: «¡Oh mi señor, tu favorita Kuat Al-Kulub ha muerto en la misericordia de Alah! ¡Ojalá vivas los largos días que ella no ha vivido! Nuestra ama Zobeida le ha tributado todos los honores fúnebres, y la ha mandado enterrar en el mismo palacio, debajo de una cúpula construída expresamente.» Entonces el califa, conmovido por tus bondades, te las agradecerá mucho. Y llamará á los lectores del Corán para que velen junto á la tumba, recitando los versículos de los funerales. Y si el califa, que sabe tu poco afecto hacia Kuat Al-Kulub, sospechase y dijera para sí: «¿Quién sabe si Zobeida, la hija de mi tío, habrá hecho algo contra Kuat Al-Kulub?», y llevado de estas sospechas mandase abrir la tumba para averiguar de qué murió la favorita, tampoco debes preocuparte. Porque cuando hayan abierto la fosa y saquen el maniquí hecho á semejanza de un hijo de Adán y cubierto con un suntuoso sudario, si quisiera el califa levantar el sudario, no dejarás de impedírselo, y todo el mundo se lo impedirá, diciendo: «¡Oh Emir de los Creyentes! no es lícito ver á una mujer muerta con todo el cuerpo desnudo.» Y el califa acabará por convencerse de la muerte de su favorita, y la mandará enterrar de nuevo, y agradecerá tu acción. Y así, ¡como Alah lo quiera! te verás libre de este cuidado.»

La sultana comprendió que acababa de oir un excelente consejo, y obsequió á la vieja regalándole un magnífico vestido de honor y mucho dinero, encomendándole que se encargase personalmente de la ejecución del plan. Y la vieja logró que un artífice fabricara el maniquí, y se lo llevó á Zobeida, y ambas lo vistieron con las mejores ropas de Kuat Al-Kulub. Le pusieron un sudario riquísimo, le hicieron grandes funerales, lo colocaron en la tumba, encendieron candelabros y blandones, y tendieron alfombras alrededor para las oraciones y ceremonias acostumbradas. Y Zobeida mandó poner colgaduras negras en todo el palacio y que las esclavas vistieran de luto. Y la noticia de la muerte de Kuat Al-Kulub se extendió por todo el palacio, y todo el mundo, sin excluir á Massrur y los eunucos, lo dieron por cierto.

No tardó en regresar de su viaje el califa, y al entrar en palacio se dirigió apresuradamente á las habitaciones de Kuat Al-Kulub, que llenaba todo su pensamiento. Pero al ver á la servidumbre y á las esclavas de la favorita vestidas de luto, comenzó á temblar. Y salió á recibirle Zobeida, también de luto. Y cuando le dijo que aquello era porque había fallecido Kuat Al-Kulub, el califa cayó desmayado. Pero al volver en sí, preguntó dónde estaba la tumba, para ir á visitarla. Y Zobeida dijo: «Sabe, ¡oh Emir de los Creyentes! que por consideración á Kuat Al-Kulub he querido enterrarla en este mismo palacio.» Y el califa, sin quitarse la ropa del viaje, se dirigió hacia el sepulcro de Kuat Al-Kulub. Y vió los blandones y los cirios encendidos, y las alfombras tendidas alrededor. Y al ver todo esto, dió las gracias á Zobeida, encomiando su buena acción, y después regresó á palacio.

Pero como era receloso por naturaleza, empezó á dudar y á alarmarse, y para acabar con las sospechas que le atormentaban, mandó que se abriera la tumba, y así se hizo. Pero el califa, gracias á la estratagema de Zobeida, vió el maniquí cubierto con el sudario, y creyendo que era su favorita, lo mandó enterrar de nuevo, y llamó á los sacerdotes y á los lectores del Corán, que recitaron los versículos de los funerales. Y él, mientras tanto, permanecía sentado en la alfombra llorando á lágrima viva, hasta que acabó por caer desmayado.