¡El corazón enamorado no disfrutará la alegría del reposo mientras lo posea el amor!
¡El enamorado no tendrá segura su razón mientras viva la belleza en la mujer!
Me han preguntado: «¿Qué es el amor?» Y yo he dicho: «¡El amor es un dulce de sabroso jugo, pero de pasta amarga!»
Entonces la joven se acercó á Ghanem, le estrechó contra su seno, le besó, y por todos los medios, menos uno, procuró consolarle. Pero Ghanem ya no se atrevía á corresponder á las caricias de la favorita del Emir. Se sometía á lo que ella le hiciese, pero sin devolver beso por beso ni abrazo por abrazo. Y la favorita, que no esperaba este cambio tan rápido, al ver á Ghanem tan excitado antes y ahora tan respetuoso y tan frío, multiplicó sus caricias. Y con la mano quiso incitarle á que compartiese su pasión, que se encendía más cada vez con aquel apartamiento. Y así les sorprendió la mañana. Ghanem se apresuró á marchar al zoco, para comprar las provisiones del día. Y permaneció allí una hora comprando mejores cosas que los demás días, por haberse enterado del rango de su invitada. Compró todas las flores del mercado, los mejores carneros, los pasteles más frescos, los dulces más finos, los panes más dorados, las cremas más exquisitas y las frutas más sabrosas, y todo lo llevó á la casa y se lo presentó á Kuat Al-Kulub. Pero apenas le vió, corrió á él la joven, y llena de deseos, restregó su cuerpo contra el suyo, le miró con ojos negros de pasión y húmedos de ansiedad, y le sonrió insinuante, diciéndole: «¡Cuánto has tardado, querido mío, deseado de mi corazón! ¡Por Alah! La hora de tu ausencia me ha parecido un año. Comprendo que ya no me puedo reprimir. Mi pasión ha llegado á su límite y me consume toda. ¡Oh Ghanem! ¡Cógeme! ¡Poséeme! ¡Me muero!» Pero Ghanem se resistió, y le dijo: «¡Alah me libre, mi buena señora! ¿Cómo el perro ha de usurpar el sitio del león? ¡Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo!» Y se escapó de entre las manos de la joven, y se acurrucó en un rincón, muy triste y preocupado. Pero ella fué á cogerle de la mano, y le llevó á la alfombra, obligándole á sentarse á su lado y á comer y beber con ella. Y tanto le dió de beber, que le embriagó, y entonces ella se echó encima de él, y se pegó á su cuerpo, y ¡quién sabe lo que haría con Ghanem sin que él se enterase! Luego cogió el laúd y cantó estas estrofas:
¡Mi corazón está destrozado, hecho trizas! ¡Rechazada en mi amor, ¿podré vivir así mucho tiempo!?
¡Oh tú, amigo mío, que huyes como la gacela, sin que yo sepa la causa ni haya cometido delito! ¿Ignoras que la gacela se vuelve algunas veces para mirar?
¡Ausencia! ¡Separación! ¡Todo se ha juntado contra mí! ¿Podrá soportar mucho tiempo mi corazón la pesadumbre de tanto infortunio?
Al oir estos versos, se despertó Ghanem y lloró muy conmovido, y ella también lloró al verle llorar, pero no tardaron en ponerse á beber de nuevo, y estuvieron recitando poesías hasta la noche.
Y Ghanem fué á sacar los colchones de las alacenas de la pared, y se dispuso á hacer la cama. Pero en vez de hacer una, como las demás noches, cuidó de hacer dos, distante una de otra. Y Kuat Al-Kulub, muy contrariada, le dijo: «¿Para quién es ese segundo lecho?» Y él contestó: «Uno es para mí, y otro para ti; y desde esta noche hemos de dormir de esta manera, pues lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo, ¡oh Kuat Al-Kulub!» Pero ella replicó: «Amor mío, desprecia esa moral atrasada. Disfrutemos del placer que pasa junto á nosotros y que mañana estará ya lejos. Todo lo que ha de suceder sucederá, pues cuanto escribió el Destino tiene que cumplirse.» Pero Ghanem no quiso someterse, y Kuat Al-Kulub sintió que aumentaba su pasión, más ardiente. Y dijo: «¡Por Alah! No acabará esta noche sin que nos hayamos acostado juntos.» Pero Ghanem contestó: «¡Líbreme Alah de ello!» Y ella suplicó: «¡Ven, Ghanem; toda mi carne se abre para ti; mi deseo te llama á gritos! ¡Ghanem de mis entrañas! ¡Toma esta boca florida, toma este cuerpo que maduraste con tu deseo!» Y Ghanem decía: «¡Alah me libre!» Y ella gritaba: «¡Oh Ghanem! ¡Toda mi piel está bañada del deseo, y mi desnudez se ofrece á tus caricias! ¡Oh Ghanem! ¡El olor de mi piel es más dulce que el del jazmín! ¡Toca y huele, huele y te embriagarás!» Pero Ghanem insistía: «Lo que es del amo no puede pertenecer al esclavo.»
Entonces lloró la joven, cogió el laúd y se puso á cantar: