»Oídas estas palabras, el hombre lanzó un grito de triunfo, y empezó á saltar y á reir, y dijo al león: «¡Son las puntas de Ibn-Adán! ¡Oh perro del desierto! Así aprenderás á tu costa que yo, Ibn-Adán, á pesar de mi fealdad, de mi cobardía y mi debilidad, puedo triunfar de la fuerza y de la belleza.»
»Y dichas estas espantosas palabras, el miserable encendió una antorcha, hacinó leña en torno del cajón y le prendió fuego. Y yo, más paralizada que nunca de terror, vi á mi pobre amigo arder vivo, muriendo con la muerte más cruel. Y el maldito Ibn-Adán, sin haberme visto, porque estaba sentada en el suelo, se alejó triunfante.
»Entonces, pasado bastante tiempo, me pude levantar, y me alejé con el alma llena de espanto. Y así pude llegar hasta aquí, donde el Destino hizo que os encontrara, ¡oh señores míos de alma compasiva!»
Cuando el pavo real y la pava hubieron oído el relato de la oca...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 147.ª NOCHE
Ella dijo:
...Cuando el pavo real y la pava hubieron oído el relato de la oca, se conmovieron hasta el límite de la emoción, y la pava dijo á la oca: «¡Hermana, aquí estamos seguros; permanece con nosotros todo el tiempo que quieras, hasta que Alah te devuelva la paz del corazón, único bien estimable después de la salud! ¡Quédate, pues, y compartirás nuestra suerte, buena ó mala!» Pero la oca dijo: «¡Tengo mucho miedo, mucho miedo!» La pava repuso: «¡Pues no debes tenerlo! ¡Queriendo librarte de la suerte que está escrita, tientas al Destino! ¡Éste es el más fuerte! ¡Y lo que en nuestra frente está escrito tiene que suceder! ¡No hay deuda que no se pague! ¡De modo que si se nos ha fijado un fin, no hay fuerza que pueda anularlo! ¡Pero lo que más ha de consolarte es la convicción de que ninguna alma puede morir sin haber agotado los bienes que le debe el Justo Retribuidor!»
Y mientras departían de esta suerte, crujieron las ramas á su alrededor, y se oyó un ruido de pasos que turbó de tal modo á la pobre oca, que tendió frenéticamente las alas, y se tiró al mar, gritando: «¡Tened cuidado, tened cuidado! ¡Aunque todo destino haya de cumplirse!»