Y cuando la tierra se volvió á cerrar, el efrit Kaschkasch distinguió á Maimuna, y en seguida besó la tierra entre sus manos, quedándose delante de ella humildemente con los brazos cruzados, y le preguntó: «¡Oh mi dueña Maimuna, hija de nuestro rey Domriatt! Soy el esclavo que aguarda tus órdenes.» Ella dijo: «Quiero, Kaschkasch, que seas juez en la disputa que ha surgido entre ese maldito Dahnasch y yo. Ocurre tal y cuál cosa. Te corresponde ser imparcial, y después de echar una mirada á ese lecho, decirnos quién te parece más hermoso, si mi amigo ó esa joven.»

Entonces Kaschkasch se volvió hacia la cama en que ambos jóvenes dormían tranquilos y desnudos, y al verlos, fué tal su emoción, que se agarró con la mano izquierda la herramienta que se le erguía por encima de la cabeza, y se puso á bailar, cogido con la mano derecha al triple rabo ahorquillado. Después de lo cual dijo á Maimuna y á Dahnasch: «¡Por Alah! Bien mirado, me parecen iguales en belleza y diferentes sólo en el sexo. Pero de todos modos, sé de un medio único que puede dirimir la contienda.» Ellos dijeron: «¡Date prisa á comunicárnoslo!» Él contestó: «Dejadme primero cantar algo en honor á esa joven, que me alborota en extremo.» Maimuna dijo: «Poco tiempo hay para eso. ¡Como no quieras decirnos algunos versos acerca de ese hermoso adolescente!» Y Kaschkasch dijo: «Acaso resulte algo extraordinario.» Ella contestó: «Canta de todas maneras, siempre que los versos sean bien medidos y breves.» Entonces Kaschkasch cantó estos versos oscuros y complicados:

¡Adolescente, me recuerdas que al consagrarse á un amor único, el cuidado y la zozobra ahogarían el fervor! ¡Sé prudente, corazón mío!

¡Gusta el azúcar de los besos en el labio virginal; pero para que el porvenir sea propicio, no dejes que se enmohezca la puerta de salida! ¡El sabor á sal es delicioso en los labios menos fáciles!

Entonces Maimuna dijo: «No quiero tratar de entender. ¡Pero dinos pronto el medio para saber quién acierta!» Y el efrit Kaschkasch dijo: «Mi opinión es que el único medio que se ha de emplear consiste en despertarlos sucesivamente, mientras nosotros tres permanecemos invisibles. Y acordemos que aquel de los dos que manifieste amor más ardiente hacia el otro y demuestre más pasión en sus ademanes y actitud, será ciertamente el menos hermoso, pues se reconocerá subyugado por los encantos de su compañero.»

Oídas estas palabras del efrit Kaschkasch...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 183.ª NOCHE

Ella dijo: