Kamaralzamán se tendió, pues, encima de la joven, que dormía boca arriba...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 184.ª NOCHE
Ella dijo:
...Kamaralzamán se tendió, pues, encima de la joven, que dormía boca arriba, sin otra vestidura que su cabellera suelta, y la enlazó con sus brazos; é iba á practicar el primer ensayo de lo que pensaba hacer, cuando de pronto se estremeció, desenlazóse, y pensó, meneando la cabeza: «Seguramente es el rey, mi padre, quien ha mandado traer á esta joven á mi cama para experimentar conmigo el efecto del contacto de las mujeres; y ahora debe estar detrás de esa pared con los ojos aplicados á algún agujero para ver si esto sale bien. Y mañana entrará aquí y me dirá: «¡Kamaralzamán, decías que te inspiraban horror el matrimonio y las mujeres! Pues ¿qué has hecho esta noche con una joven? ¡Ah, Kamaralzamán! ¡quieres fornicar secretamente, pero te niegas á casarte, aunque sepas lo feliz que me haría ver mi descendencia asegurada y mi trono transmitido á mis hijos!» Y entonces me considerarán falso y embustero. Más vale que me abstenga esta noche de fornicar, á pesar de la mucha gana que tengo, y aguardar á mañana; y entonces pediré á mi padre que me case con esta bella adolescente. ¡Y así él se pondrá contento, y yo podré usar á gusto ese cuerpo bendito!»
Y en el acto, con gran alegría de Maimuna, que había empezado á sentir terribles inquietudes, y con gran disgusto de Dahnasch, que en cambio había pensado que el príncipe copularía y se puso á bailar de gusto, Kamaralzamán se inclinó otra vez hacia Sett Budur, y después de haberla besado en la boca, le quitó del dedo meñique una sortija adornada con un hermoso diamante, y se la puso en su propio dedo meñique, para denotar que desde aquel momento diputaba á la joven por esposa; y luego de haber puesto en el dedo de la joven su propia sortija, le volvió la espalda, aunque con gran pesar, y no tardó en tornar á dormirse.
Maimuna, al ver aquello, se entusiasmó, y Dahnasch quedó muy confuso; pero no tardó en decir á Maimuna: «¡Esto no es más que la mitad de la prueba; ahora te toca á ti!»
Entonces Maimuna se convirtió en seguida en pulga, y saltó al muslo de Sett Budur; y de allí subió al ombligo, retrocediendo después como unos cuatro dedos, y se paró precisamente en la cumbre del montecillo que domina el valle de las rosas; y allí, con una sola picadura, en la cual puso todos sus celos y su venganza, hizo saltar de dolor á la joven, que abrió los ojos y se incorporó á escape, llevándose las dos manos á la delantera. Y en seguida lanzó un grito de terror y asombro al ver junto á ella al joven tendido de costado. Pero á la primera mirada que le dirigió, no tardó en pasar del espanto á la admiración, y de la admiración al placer, y del placer á un desahogo de alegría que pronto hubo de llegar al delirio.
Efectivamente; al primer susto, dijo para sí: «¡Desventurada Budur, hete aquí comprometida para siempre! ¡En tu cama hay un extraño á quien no viste nunca! ¡Qué audacia la suya! ¡Ah! ¡Voy á llamar á los eunucos, para que acudan y le arrojen por la ventana al río! Y sin embargo, ¡oh Budur! ¿quién sabe si éste será el marido que tu padre escogió para ti? Mírale, ¡oh Budur! antes de acudir á la violencia.»