Y la joven escondió la cabeza debajo del brazo del príncipe, y le mordió mimosamente en el cuello y en una oreja, pero sin resultado. Después, como ya no podía resistir á la llama encendida en ella por vez primera, empezó á rebuscar con la mano por entre las piernas y los muslos del joven, y los encontró tan lisos y redondos, que no pudo evitar que la mano resbalase por su superficie. Entonces, como por casualidad, encontró por el camino y entre ellos un objeto tan nuevo para ella, que lo miró con los ojos muy abiertos, y vió que entre sus manos cambiaba de forma á cada momento. Al principio se asustó mucho; pero rápidamente comprendió su uso particular; pues así como el deseo es mucho más intenso en las mujeres que en los hombres, su inteligencia es también más veloz para apreciar las relaciones entre los órganos encantadores. Lo cogió, pues, á mano llena, y mientras besaba los labios del joven con ardor, sucedió lo que sucedió.
Tras de lo cual, Sett Budur cubrió de besos á su amigo dormido, sin dejar un sitio en que no pusiera los labios. Después, algo calmada, le cogió las manos y se las besó una tras otra en la palma; luego le levantó y se lo puso en el regazo, y le rodeó el cuello con los brazos, y así enlazados, cuerpo contra cuerpo, mezclando sus alientos, se durmió sonriendo.
¡Esto fué todo! ¡Y en tanto los tres genios seguían invisibles, sin perder un ademán! Consumada la cosa tan pronto, Maimuna traspuso el límite del júbilo, Dahnasch reconoció sin dificultad que Budur había llegado mucho más allá en las manifestaciones de su ardor y le había hecho perder la apuesta. Pero Maimuna, segura ya de la victoria, fué magnánima, y dijo á Dahnasch: «En cuanto á la apuesta que me debes, te la perdono, ¡oh maldito! Y hasta voy á darte un salvoconducto, que en adelante te asegurará la tranquilidad. ¡Pero cuida de no abusar de él, ni vuelvas á faltar á la corrección!»
Después de lo cual la joven efrita se volvió hacia Kaschkasch, y le dijo afablemente: «¡Kaschkasch, te doy mil gracias por tu consejo! ¡Y te nombro jefe de mis emisarios, y de mi cuenta corre que mi padre Domriatt apruebe mi decisión!» Luego añadió: «¡Ahora, avanzad ambos y coged á esa joven, y transportadla pronto al palacio de su padre Ghayur, señor de El-Buhur y El-Kussur! ¡Vistos los rápidos progresos que acaba de hacer delante de mis ojos, le otorgo mi amistad y tengo ya completa confianza en su porvenir! ¡Ya veréis cómo realiza grandes cosas!» Y los dos genios respondieron: «¡Inschalah!» Y después...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 186.ª NOCHE
Ella dijo:
...Y los dos genios respondieron: «¡Inschalah!» Y después se acercaron al lecho, cogieron á la joven, que se echaron á cuestas, y volaron con ella hasta el palacio del rey Ghayur, al cual no tardaron en llegar, y la depositaron con delicadeza en su cama, para irse en seguida cada cual por un lado.
En cuanto á Maimuna, se volvió á su pozo, después de haber depositado un beso en los ojos de su amigo.