¡Ven, oh joven! ¡Llueven diamantes en las hojas azules, y sobre el azul es bella la curva de las ramas! ¡Levántate, ¡oh ligera! y sacude las gotas furtivas que lloran en tus cabellos!
¡No, emir mío! ¡Siéntate aquí y reclina la cabeza en mis rodillas! ¡Embriágate entre mi ropa con todo el perfume de mis pechos floridos... y luego oye la suave brisa que canta al Hacedor!
Otras veces, ambos jóvenes modulaban versos como los siguientes, acompañándose con el daff:
¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!
¡Oh labios, haced más lentos vuestros trinos sobre las flautas! ¡Guitarras, paraos bajo los dedos para escuchar la canción de las palmeras!
¡Las palmeras están de pie, como las jóvenes; murmuran en sordina entre la noche clara, y el remolino de sus cabelleras melodiosas responde á la brisa musical!
¡Ah! ¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!
¡Esposa encantadora y perfumada! ¡Al oir las notas de tu voz, las piedras se levantan bailando, y vienen ordenadamente á construir un edificio armonioso!
¡Que aquel que creó la belleza del amor nos otorgue la ventura, esposa encantadora y perfumada!
¡Oh negrura de mis ojos, por ti voy á dar color azulado á mis párpados con la varita de cristal, y á macerar mis manos en la pasta de alheña!