Estas palabras transportaron al rey Armanos al límite de la satisfacción, y quiso que la ceremonia del casamiento se verificase el mismo día. Empezó por abdicar el trono en favor de Kamaralzamán, delante de todos sus emires, personajes, oficiales y chambelanes; mandó que se anunciara este suceso á toda la ciudad por medio de los pregoneros, y despachó correos á todo su Imperio para que se enteraran de ello las poblaciones.

Entonces organizóse en un momento una fiesta sin precedentes en la ciudad y su palacio, y entre gritos de júbilo y al son de pífanos y címbalos, se extendió el contrato de casamiento del nuevo rey con Hayat-Alnefus.

Cuando llegó la noche, la reina madre, rodeada de sus doncellas, que lanzaban «lu-lu-lúes» de alegría, llevó á la recién casada Hayat-Alnefus á la habitación de Sett Budur, á quien seguían tomando por Kamaralzamán. Sett Budur, en su aspecto de rey adolescente, avanzó con gentileza hacia su esposa, y por primera vez le levantó el velillo del rostro.

Entonces, todos los circunstantes, al ver pareja tan hermosa, quedaron tan cautivados, que palidecieron de placer y emoción.

Terminada la ceremonia, la madre de Hayat-Alnefus y todas las doncellas, después de haber expresado millares de deseos de felicidad y haber encendido todos los candelabros, se retiraron prudentemente, y dejaron solos en la cámara nupcial á los recién casados...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 210.ª NOCHE

Ella dijo:

...solos en la cámara nupcial á los recién casados.