A estas palabras de su hermana, el califa respondió: «¡Cierto que sí! ¡No tengo costumbre de desdecirme!»
Después se volvió hacia Feliz-Bella y le pregunto: «¡Oh Feliz-Bella! ¿Declaras que ese es tu esposo Feliz-Bello?» Ella contestó: «¡Tú lo has dicho, ¡oh Príncipe de los Creyentes!» Y el califa dijo: «¡Os devuelvo el uno al otro!» Tras de lo cual miró á Feliz-Bello, y le preguntó: «¿Puedes decirme siquiera cómo has podido penetrar aquí y enterarte de la estancia de Feliz-Bella en mi palacio?» Feliz-Bello contestó: «¡Oh Emir de los Creyentes! ¡Concede á tu esclavo algunos momentos de atención, y te contará toda su historia!» Y en seguida puso al califa al corriente de toda la aventura, sin omitir ni un detalle, desde el principio hasta el fin.
El califa quedó en extremo asombrado, y quiso ver al médico de Persia que había ejercido una intervención tan prodigiosa, y le nombró médico de palacio en Damasco, y le colmó de honores y consideraciones. Después albergó á Feliz-Bello y Feliz-Bella en su alcázar durante siete días y siete noches, y dió en honor suyo grandes fiestas, y los mandó á Kufa cargados de regalos y honores. Y destituyó al gobernador y nombró en su lugar á Primavera, padre de Feliz-Bello. Y así todos vivieron en el colmo de la felicidad durante larga y deliciosa vida.
Cuando Schahrazada acabó de hablar, exclamó el rey Schahriar: «¡Oh Schahrazada! ¡Me encantó esa historia, y sobre todo, los versos me han exaltado hasta el último límite! ¡Pero me sorprende mucho no encontrar en ella los pormenores sobre aquella clase de amor que me hiciste prever!»
Y Schahrazada sonrió levemente, y dijo: «¡Oh rey afortunado! Precisamente esos pormenores están en la Historia de Grano-de-Belleza, que me reservo contarte si es que lo autorizas.»
Y el rey Schahriar exclamó: «¿Qué dices, ¡oh Schahrazada!? ¡Por Alah! Tengo un grandísimo interés por oir la Historia de Grano-de-Belleza. ¡Apresúrate, pues, á contarla!»
Pero en aquel momento Schahrazada vió aparecer la mañana, y dejó la historia para otro día.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 250.ª NOCHE
Ella dijo: