En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.
PERO CUANDO LLEGÓ
LA 251.ª NOCHE
Ella dijo:
»...la mixtura que espesa los compañones de los hombres y les da aptitud para fecundar á la mujer!»
Al oir estas palabras, el síndico pensó: «¡Por Alah! ¡Mañana mismo voy á la droguería á comprar un poco de esa mixtura para espesar los compañones!»
Y á la mañana siguiente, apenas se abrió el zoco, el síndico cogió un tazón vacío, y fué á una droguería y le dijo al droguero: «¡La paz sea contigo!» Y el droguero le devolvió la zalema y le dijo: «¡Oh mañana bendita que te trae como primer parroquiano! ¡Manda!» El síndico dijo: «Vengo á pedirte que me vendas una onza de la mixtura que espesa los compañones del hombre.» Y le alargó el tazón de porcelana.
Cuando oyó estas palabras, el droguero no supo qué pensar, y se dijo: «Nuestro síndico, generalmente tan formal, tiene ganas de broma; le contestaré, pues, en el mismo tono.» Y le dijo: «¡Por Alah! Ayer sí que me quedaba; pero se vende tanta mixtura de esa, que se me agotó la provisión. Ve á pedírsela á mi vecino.»
Entonces el síndico fué á casa del segundo droguero, y después á casa del tercero, y luego á todas las droguerías del zoco, y todos le despedían con las mismas palabras, riéndose para sí de tan extraordinaria petición.