Después de lo cual, el síndico, acompañado de su hijo, á quien costó gran trabajo escaparse de los brazos de su pobre madre, que vertía sobre él todas las lágrimas de su corazón, fué á buscar á la caravana, dispuesta ya. Y llamó aparte al anciano mokaddem de los camelleros y muleteros, el jeque Kamal, y le dijo: «¡Oh venerable mokaddem, te confío este niño, pupila de mis ojos, y lo pongo bajo el ala de Alah y bajo tu custodia! Y tú, hijo mío—dijo á Grano-de-Belleza—, mira al que ha de hacer las veces de padre en ausencia mía. ¡Obedécele y nunca hagas nada sin consultarle!» Después dió mil dinares de oro á Grano-de-Belleza, y como último encargo le dijo: «¡Te doy estos mil dinares, hijo mío, para que puedas utilizarlos y aguardar con paciencia el momento más ventajoso para la venta de tus mercaderías, pues te guardarás muy bien de venderlas cuando estén en baja; has de aprovechar la ocasión en que los paños y otros géneros estén más en alza para colocarlos en las mejores condiciones!» Después de las despedidas, la caravana se puso en marcha y no tardó en estar fuera de las puertas del Cairo.

Y ahora vamos con Mahmud-el-Bilateral. Al enterarse de la marcha de Grano-de-Belleza, se preparó también rápidamente, y en pocas horas tuvo á mulos y camellos cargados y ensillados. Y sin perder tiempo se puso en camino, y alcanzó á la caravana á pocas millas del Cairo. Y decía para sí: «¡Ahora, en el desierto, ¡oh Mahmud! nadie irá á denunciarte, ni tampoco vendrá á vigilarte nadie! ¡Y sin temor á que te molesten, podrás deleitarte con ese muchacho!»

De modo que, desde la primera etapa, el Bilateral mandó armar sus tiendas al lado de las de Grano-de-Belleza, y encargó al cocinero de éste que no se tomara el trabajo de encender lumbre, puesto que él había invitado á Grano-de-Belleza á compartir la comida en su tienda.

Y efectivamente, Grano-de-Belleza fué á la tienda del Bilateral, pero acompañado por el jeque Kamal, mokaddem de los camelleros. Y aquella noche el Bilateral nada sacó en limpio. Y al día siguiente, en la segunda parada, ocurrió lo mismo, y así todos los días, hasta la llegada á Damasco, porque Grano-de-Belleza aceptaba todas las invitaciones, pero iba siempre á la tienda del Bilateral acompañado del mokaddem de los camelleros.

Pero cuando llegaron á Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir á los amigos...

En este momento de su narración, Schahrazada, la hija del visir, vió aparecer la mañana, é interrumpió el relato.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 258.ª NOCHE

Ella dijo: