Tal era la esclava Simpatía, único tesoro que poseía aún el pródigo Abul-Hassán...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ
LA 272.ª NOCHE

Ella dijo:

...Tal era la esclava Simpatía, único tesoro que poseía aún el pródigo Abul-Hassán.

Y he aquí que, al percatarse de que su patrimonio habíase disipado irremediablemente, Abul-Hassán quedó sumido en un estado de desolación tan grande, que le robó el sueño y el apetito; y permaneció tres días y tres noches sin comer, ni beber, ni dormir, alarmando á la esclava Simpatía, que creyó verle morir, y resolvió salvarle á toda costa.

Se atavió con sus trajes más dignos de exhibirse y con las joyas y adornos que le quedaban, y se presentó á su amo, diciéndole, mientras mostraba en sus labios una sonrisa de buen augurio: «Por mi causa va á hacer cesar Alah tus tribulaciones. Para ello bastará que me conduzcas ante nuestro señor el Emir de los Creyentes, Harún Al-Rachid, quinto descendiente de Abbas, y me vendas á él, pidiéndole como precio diez mil dinares. Si encontrara este precio demasiado caro, dile: «¡Oh Emir de los Creyentes! Esta adolescente vale más todavía, como podrás advertir mejor tomándola á prueba. ¡Entonces se realzará á tus ojos, y verás que no tiene par ni rival y que verdaderamente es digna de servir á nuestro amo el califa!» Después, la esclava, insistiendo mucho, le recomendó que se guardase de rebajar el precio.

Abul-Hassán, que hasta aquel momento, por negligencia, no se había preocupado de observar las cualidades y talentos de su hermosa esclava, no estaba en situación para apreciar por sí mismo los méritos que pudiese ella poseer. Solamente le pareció que la idea no era mala y que tenía probabilidades de éxito. Se levantó, pues, en seguida, y llevando á Simpatía tras sí la condujo ante el califa, á quien repitió las palabras que ella le había recomendado que dijese.