Ahí está el pueblo de Puerto-Rico. Pues caed sobre él. Haced correr que la inquietud reina en la pequeña Antilla. Hablad de un motin... en Yabucoa—como hace un año hablásteis de la espantosa insurreccion de San Juan. Repetid lo del armamento de los separatistas y—¡horror!—de la clase de color, que representa nada menos que el 60 por 100 de la poblacion de Puerto-Rico. Volved sobre lo de la libre circulacion por la capital y las costas de Puerto-Rico de Emeterio Betances, aquel honrado médico, perseguido por abolicionista hace diez ó doce años y á quien la mala voluntad de las autoridades borbónicas lanzó al separatismo. Gritad que los puestos de confianza y los cargos de alcaldes se dan á los procesados de Lares: gritad que las familias acomodadas huyen de la isla previendo graves y deplorables conflictos: insistid en que el valor de la propiedad baja y en que los hacendados tratan á toda costa de vender sus fincas..... Todo lo habeis dicho en Agosto de 1871: pero no importa, repetidlo: repetid absolutamente lo mismo, que estas frases son siempre de efecto, y el miedo es una debilidad frecuente de los liberales.

Y si por ventura el cable trasatlántico se hubiera roto, aprovechad este fracaso, y gritad por espacio de diez dias que no se reciben noticias de Puerto-Rico; que las comunicaciones están interrumpidas, y que la alarma cunde entre todas las personas que aquí residen y tienen intereses en la pequeña Antilla. Y si teneis amigos—que si los teneis, y hasta íntimos!—en el ministerio de Ultramar aprovechad sus indiscreciones y asegurad en todos tonos que el capitan general llamado á Madrid por el gobierno no ha contestado, á pesar de haber trascurrido ocho y diez dias. Y no descanseis un momento: y repetid la noticia; y glosad los sueltos..... y haced en fin, vuestro gusto, máxime si dais con algun medio de conseguir que tal ó cual periódico reformista enmudezca, y de que vuestra opinion sea la sóla que se haga escuchar en el estadio de la prensa. Y luego preguntad si dada esta situacion son posibles las reformas en Puerto-Rico!!!

Y así se ha hecho.

No parece necesario reproducir aquí los numerosos artículos é infinitos sueltos que en la prensa conservadora y alfonsina han aparecido en todo el mes de Noviembre sobre las primeras autoridades de Puerto-Rico, y sobre la situacion de la pequeña Antilla. Hasta cierto punto el efecto se ha conseguido.

El general La Torre ha sido llamado á Madrid por el gobierno á dar esplicaciones—suceso que habia sido anunciado con mucha anticipacion á Puerto-Rico por un telégrama de uno de los más conocidos representantes del esclavismo, residente en Madrid. Y esto se unia con la exageracion de los españoles sin condiciones en la pequeña Antilla, con la oposicion manifiesta de los jefes militares al capitan general de la isla, con el aparatoso bullir y las comentadas reuniones de los personajes del partido, allí donde, merced á los conservadores, no hay derecho de reunion: con los ataques en crescendo de los periódicos reaccionarios de Puerto-Rico, dirigidos por funcionarios públicos que hacian como ostentacion de su inesplicable conducta; con las manifestaciones públicas, allí donde la ley las prohibe (no por gusto de los radicales, en verdad), contra la política toda de la autoridad superior (investida de las facultades escepcionales de las leyes de Indias) á la cual se acusa de desleal y anti-española: hechos todos que no parecen sino que obedecen á un plan preconcebido, en cuya virtud debiera provocarse á la primera autoridad de la isla á determinadas soluciones que aun siendo perfectamente legales (y perfectamente legales son todas las del señor general La Torre, por la mera circunstancia de estar en posesion de todas las atribuciones estraordinarias que nuestras antiguas leyes conceden á las autoridades de Ultramar para el mantenimiento del órden y tranquilidad de la tierra) darian pié para que en Madrid se alzase un poderoso clamoreo contra los ataques de que allende el mar eran víctimas los españoles sin condiciones.

De la misma manera, por espacio de un mes se han llenado los aires con esclamaciones y denuncias del estado horrible de Puerto-Rico. Temerosa la prensa ministerial, enmudeció en los primeros momentos; y bien repartidos los papeles, los reaccionarios y esclavistas ultramarinos no han cesado de solicitar la atencion pública aventurando todo género de falsedades y haciendo esfuerzos estraordinarios para conseguir que en la opinion de las gentes quede como verdad absoluta é incontrovertible que el desórden reina en Puerto-Rico, y que en la pequeña Antilla es de todo punto imposible cumplir los solemnes compromisos de la revolucion de Setiembre, la abolicion de la esclavitud y la vida ordenada del derecho y de la libertad.

VII.

Pero el tiempo ha pasado. Las falsedades esclavistas han ido á Puerto-Rico, y aquel pueblo se ha llenado de indignacion protestando contra tantas calumnias y supercherías. Mentira ha sido lo de Yabucoa; mentira lo del armamento de los negros; mentira lo de la intranquilidad del país. Por eso más de treinta mil ciudadanos de Puerto-Rico han elevado una esposicion al rey D. Amadeo; por eso los vecinos de Yabucoa han dado un solemne mentís á El Debate; por eso han visto la luz pública todos los documentos que al final de estas líneas verá el lector; documentos firmados por casi todo lo que hay de inteligente, de rico, de digno en la quieta y liberal isla de Puerto-Rico.

Atrévanse, atrévanse los esclavistas y reaccionarios á rectificar un solo concepto: atrévanse los españoles sin condiciones á discutir un solo dato: Ahí están: ¡atrévanse!

Y conózcalos el público de la Península. Comprenda de que medios se valen esos hombres para lograr sus inconfesables aspiraciones.