Es muy fácil suponer protectorados cuando la costumbre del que los supone es ejercerlos ó utilizarlos en su provecho; es muy hábil repetir uno y otro dia que la comunidad de ideas del ministerio y de tales ó cuales diputados, entraña necesariamente el apoyo de aquel en la lucha electoral; pero esto no basta ni puede bastar, para los que saben que los mismos conservadores unánimemente declaraban la víspera de las penúltimas elecciones que en Puerto-Rico era seguro el triunfo de los radicales si no se limitaba más el sufragio. Las violencias del general Gomez Pulido, análogas á las coacciones de Sagasta en la Península, determinaron entonces el retraimiento del partido radical aun en distritos tan seguros como San German, Arecibo y Mayagüez, y el éxito escandaloso de aquellas elecciones (que no esperaban los mismos conservadores, á pesar de que en Puerto-Rico rige todavía el decreto absolutista de 1825, que da al capitan general todas las facultades precisas para prender y deportar sin formacion de causa), no fué la menor de las atrocidades que registra la historia de la última administracion.
Todos sabemos cómo se pretende y se obtiene y se utiliza la influencia oficial en los períodos de elecciones. Lo saben mejor que ninguno los conservadores. Por esto es necesario que cuando se hable de proteccion gubernamental y de la ingerencia del actual ministerio en las elecciones de Puerto-Rico, se precisen los cargos, se detallen las idas y venidas de los candidatos al ministerio, se denuncien los favores, aún los más sencillos, que los candidatos logran y que pueden traducirse como una preparacion del distrito. Por lo demás es hablar al aire, cuando no hacer otra cosa de muy dura calificacion.
Ahora veamos lo que ha sucedido en Puerto-Rico; mas para esto necesito y espero de la bondad de Vd., Sr. Director, otra columna en su apreciable periódico.
Dispénseme la molestia en gracia del propósito.—B. S. M.—Un puerto-riqueño.
II.
Sr. Director de El Imparcial:
Muy señor mio: Ante todo debo dar á Vd. las más espresivas gracias por la insercion de mi anterior carta, cuya oportunidad queda demostrada por la prisa y el furor con que El Debate tuvo á bien ocuparse de ella, en un artículo que, eso sí, no rectifica uno solo de los hechos referentes á las elecciones, ni responde al reto que yo lancé á los conservadores de denunciar una complacencia del ministerio ó una debilidad de los candidatos radicales; pero que en cambio está cuajado de todo aquello de laborantes, insurrectos de Lares, odio á España, vergüenza y deshonra de la patria, maquinaciones ocultas, españoles sin condiciones y otros lugares comunes por el estilo. ¡Con decir que El Debate afirma que "El Imparcial ha dicho que el Sr. Zorrilla y el Sr. Gasset han ordenado á los Sres. La Torre y Ayuso apoyar fuertemente á los catorce reformistas que han salido victoriosos en las urnas de la pequeña Antilla!" Mas prencindamos de estos desahogos y veamos la realidad de los hechos, que el lector deducirá en vista de que ni uno solo es rectificado.
Quedamos en mi anterior en que, primero, la prensa liberal de la península (á diferencia de la conservadora) pedia al gobierno que se abstuviese completamente en todo lo relativo á los candidatos y las candidaturas de Puerto-Rico; segundo, que los ex-diputados radicales conferenciaron del mismo modo que los conservadores con el Sr. Zorrilla, mas para pedirle estricta neutralidad en las elecciones; y tercero, que los candidatos radicales no han podido ni logrado credencial ni favor alguno para sus respectivos distritos. Ahora debo añadir, que los ex-diputados radicales de la pequeña Antilla fueron absoluta y perfectamente estraños al nombramiento de los Sres. La Torre y Ayuso para los cargos de capitan general y secretario del gobierno de Puerto-Rico. Yo quisiera que los conservadores, así de Ultramar como de la península, me dijeran cuándo ellos han entrado en la lucha electoral en condiciones siquiera semejantes.
Todo el mundo sabe ya cómo se ejerce la influencia moral en los distritos. Supresion de electores en las listas, negacion del derecho electoral en los momentos críticos con cualquier pretesto, prision de determinadas personas, coacciones sobre los empleados, visitas de las autoridades á determinados sitios, pronto despacho de ciertos expedientes, etc., etc.; he aquí parte de esos medios, antes de llegar á los golpes y las hazañas de los Desbravadores y los Antonets.
Esto es tambien perfectamente conocido en Puerto-Rico. En las últimas elecciones el general Gomez Pulido hizo sus viajecitos á Rio-Piedras, y creo que á Arecibo; nombró secretario de gobierno á su propio hijo; revivió la famosa institucion de los corregidores con sueldo, y contra la ley electoral, despachó como se pedia el expediente de la contribucion industrial de la isla. Esta, además, vió presos en el momento de la eleccion á hombres como los Quiñones de San German, privados del derecho electoral como deudores de la Hacienda (no estando apremiados) á más de 150 personas de Sabana Grande, y detenidos y conducidos entre guardias civiles á muchos pobres jíbaros de Mayagüez, so pretesto de que les faltaba la cédula.