Ahora tengo el derecho de preguntar á los conservadores: ¿en dónde ha pasado nada de esto en las actuales elecciones? ¿A quién se ha detenido ó se ha preso en Puerto-Rico? ¿A quién se ha negado el derecho electoral? ¿Qué espediente se ha despachado en el período de las elecciones? ¿Qué manifiesto se ha prohibido, como en tiempo del Sr. Gomez Pulido los de Mayagüez, San German y Sabana Grande? ¿Acaso el Boletin, órgano de los conservadores, se ha visto ahora como El Progreso, órgano de los radicales en la anterior situacion, en el caso de abstenerse absolutamente de hablar de política? Vengan los hechos concretos; nosotros reproduciremos la denuncia.
Pero veamos los cargos que se hacen al general La Torre. Primero, que durante el período electoral separó á varios empleados de la isla. Segundo, que dió algunas disposiciones sobre el reglamento electoral, favorables á los radicales. Tercero, que celebró una conferencia con los jefes y oficiales de la guarnicion de Puerto-Rico para recabar su apoyo en obsequio de la candidatura del general Córdova. Cuarto, que apoyó en la lucha á los candidatos radicales, cuya mayoría era de los insurrectos de Lares.
Vamos por partes y veamos de concluir pronto. En primer lugar, sépase que si el general La Torre tocó al personal administrativo durante el período electoral, pudo hacerlo legalmente, porque la ley, hecha por el Sr. Lopez de Ayala, se guardó muy bien (los conservadores sabrán por qué) de estender á Puerto-Rico lo que rige en la Península respecto de la inamovilidad en la época de elecciones. Despues conviene advertir que la casi totalidad de los corregidores y delegados separados eran hombres de partido y agentes del gobierno, colocados por el Sr. Pulido en vista de las nuevas elecciones, y á los cuales se ha sustituido con personas que cual siempre habia pasado en Puerto-Rico, son de posicion independiente é importancia personal, y desempeñan sus cargos ad-honorem. Por último, sépase que la mayoría de los separados lo han sido con justa causa, con causa legal, y los otros por fundados motivos de que se turbara el órden so pretesto ó en méritos de su administracion. No tengo inconveniente en entrar en el terreno de los nombres propios.
Respecto de las demás disposiciones tomadas por el general La Torre, presumo que nadie se referirá á una elocucion (que ha hecho, sin embargo, muy mal efecto entre los conservadores) en que la autoridad prometia castigar sin consideracion alguna á posiciones ni pretensiones á los que de cualquier modo faltasen á la ley. Lo que quizá sirva de pretesto para censuras es un decreto fecha 5 de Agosto, para la aplicacion del reglamento electoral.
Este decreto, empero, no puede ser más legal ni más justo. En él se establece que las listas electorales sean las mismas que sirvieron en 1871, sin admitir las inclusiones parciales que á la callada se hicieron en Abril de 1872, mientras se prohibia la rectificacion pública de las listas. Mándase tambien que la incapacidad electoral por causa de pena se entienda si ésta fuese impuesta por los tribunales de justicia en sentencia ejecutoria, y que la de los deudores del Estado produzca su efecto cuando los deudores estén apremiados en concepto de segundos contribuyentes. Dispónese que las cédulas se entreguen á los electores ocho dias antes de la eleccion y que por tanto su distribucion no quede á merced de los alcaldes. Por último, se acuerda que los electores del ejército y armada deben estar inscritos en las listas de cualquiera de los distritos electorales de la provincia y llevar dos meses de residencia en el punto en que hayan de votar.
Nada más dice el decreto. Para los que recuerdan que precisamente todo lo contrario fué lo que se hizo por el general Pulido en las últimas elecciones, sin duda la disposicion del Sr. La Torre es gravísima.
Los amantes de la libertad electoral nada encontrarán en él de notable. A los conservadores si les debe desesperar.
En cuanto á la conferencia del Sr. La Torre con los jefes y oficiales de la guarnicion de la capital, háse de considerar que toda su posible gravedad desaparecería desde el momento en que aquella respetable persona desistió de su recomendacion favorable al general Córdova, ante la actitud resuelta de los jefes y oficiales en activo servicio de votar un candidato de oposicion al gobierno, sin que por esto les aconteciera absolutamente nada. Imagine el piadoso lector lo que le hubiera sucedido á un oficial liberal en un caso análogo mandando los conservadores.
Despues conviene advertir que los pasos del Sr. La Torre, mas que á otra cosa tendieron á evitar que la oficialidad de la capital de Puerto-Rico se entremetiera en las cuestiones de aquellos partidos é influyese de ningun modo en la clase de tropa. Todo el mundo sabe en Puerto-Rico que á un coronel de aquella guarnicion se le llama el "jefe militar del partido conservador", y notorio es que á no oponerse el coronel Manjon y el jefe del batallon de Puerto-Rico, el general Baldrich hubiera seguido en 1871 (y por la agitacion política) la suerte de Dulce en Cuba.
En este espíritu conciliador del capitan general estaba el partido radical de la pequeña Antilla. Así el doctor Goico, presidente del comité, propuso al conocido comerciante Látimer, persona muy discreta del partido conservador, que se dejasen á un lado las candidaturas de Córdova y Sauz, votando conservadores y radicales al general Espartero como una gloria nacional; propuesta que, acogida por el Sr. Látimer, fué rechazada luego por el partido conservador.