non volveréis á Castilla,

ni á Vivar, el vuestro Estado,

ni Jimena vuestra esposa

jamás vos verá á su lado,

aunque dicen que la amáis,

y que d’ella sois amado.

De las palabras que ha dicho,

mucho á Rodrigo ha pesado,

y con saña muy crecida

ansí le había hablado: