se quedó muy mesurado.

El Papa cuando lo supo

al Cid ha descomulgado;

sabiéndolo el de Vivar

ante el Papa se ha postrado.

—Absolvedme, dijo, Papa;

sino, seráos mal contado.—[1]

[1] Los antiguos editores no tuvieron reparo en imprimir esta irreverente al par que contradictoria demanda, que hubieron de mirar como una niñada sin trascendencia del mozo Rodrigo. Por lo demás, ya se ha visto que no sólo estas palabras sino el hecho en sí mismo son de todo punto fabulosos. (Véase [Prólogo], pág. 6.)