el mejor y más preciado.
Oyendo el Cid sus razones
d’esta manera ha fablado:
—Dejemos los reyes, Duque;
y si os sentís agraviado
hayámoslo entre los dos;
de mí á vos sea demandado.—
Allegóse cabe el Duque,
un gran rempujón le ha dado;
el Duque sin responder