á don Alonso á León

y á don García á Vizcaya.

Á mí, porque soy mujer,

dejáisme desheredada.

Irme he yo por estas tierras

como una mujer errada,

de lo que ganar pudiere

haré bien por vuestra alma.—

Allí preguntara el Rey:

—¿Quién es esa que así habla?