del buen viejo Arias Gonzalo,
y en la tienda del buen Rey
en ella se había amparado:
—Manténgate Dios, el Rey.
—Bellido, seas bien llegado.
—Señor, tu vasallo soy,
tu vasallo y de tu bando,
y yo por aconsejarle
á aquel viejo Arias Gonzalo
que te entregase á Zamora,