Entonces habló su padre,

bien oiréis lo que ha hablado.

—Apeaos, hijo mío,

besaréis al Rey la mano,

porqu’él es vuestro señor,

vos, hijo, sois su vasallo.—

Desque Rodrigo esto oyó

sintióse muy agraviado;

las palabras que responde

son de hombre muy enojado.