de envidiosos lisonjeros
y corredores de orejas.
Movióse un conde agraviado
y díjole al rey: Tu alteza
no dé crédito á estas cosas,
que son engaños que ceban.
Querrá ahora el Cid Rodrigo
con esto que te presenta,
venirse á Burgos mañana
á confirmar tus ofensas.—