Caló Álvar Fáñez la gorra,

y empuñando en la derecha,

tartamudo de coraje,

le dió al conde esta respuesta:

—Nadie se mude ni hable,

y el que se moviere atienda

que le fabla el Cid presente,

pues yo lo soy en su ausencia;

y cuando en mi pobre esfuerzo

cupiere alguna flaqueza,