con el estoque en la mano.

Aquí dió una voz el Cid,

á quien como por milagro

se humilló la bestia fiera,

humildosa y coleando.

Agradecióselo el Cid,

y al cuello le echó los brazos,

y llevólo á la leonera

faciéndole mil falagos.

Aturdido está el gentío