viendo lo tal, no acatando
que ambos eran leones,
mas el Cid era más bravo.
Vuelto, pues, á la su sala,
alegre y no demudado,
preguntó por sus dos yernos,
su maldad adivinando.
Bermudo le respondió:
—Del uno os daré recaudo,
que aquí se agachó por ver