Si la lanza no me miente,

á moros serás tornada,

y á aquel perro de aquel Cid

prenderélo por la barba:

su mujer doña Jimena

será de mí captivada,

y su hija Urraca Hernández

será la mi enamorada:

después de yo harto d’ella

la entregaré á mis compañas.—