El buen Cid no está tan lejos

que todo no lo escuchara.

—Venid vos acá, mi fija,

mi fija doña Urraca;

dejad las ropas continas,

y vestid ropas de Pascua,

á aquel moro hi-de-perro

detiénemelo en palabras,

mientras yo ensillo á Babieca

y me ciño la mi espada.—