van riendo y festejando;
por espacio de una legua
el Cid los ha acompañado:
cuando d’ellas se despide
lágrimas le van saltando.
Como hombre que ya sospecha
la gran traición que han armado,
manda que vaya tras ellos
Álvar Fáñez, su criado.
Vuélvese el Cid y su gente,